Trabajo y remuneración

Noviembre 04, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

La estabilidad de cualquier nación se fundamenta en que sus integrantes tengan algún papel a desempeñar en su existencia a través de su trabajo, y que obtengan una remuneración por realizarlo para sostener su nivel de vida y mejorarlo. Esto ha sido reconocido por los dirigentes por muchos años de la historia de la civilización.En el Libro de Gobierno escrito por Ahmed Ibn Taimiya para el califato de Bagdad, uno de los precursores de los Códigos Administrativos, se consagra la obligación que tienen los gobernantes de velar porque sus súbditos tengan una actividad que le dé significado a su vida y apego a su sociedad, y que sea fuente de sostén para sus familias y por ende del Estado, entendido como colectivo social. Los sucesivos califas de Bagdad impulsaron los centros de artesanos , y le hicieron saber al mundo conocido que sus productos existían y se podían comprar en intercambios muy ingeniosos, raíces de las prácticas mercantiles de hoy.Este fundamento parece haberse olvidado hoy cuando el mundo evidencia una gran proporción de desempleo y los ingresos de las gentes disminuyen, elevando los niveles de pobreza con todas sus consecuencias (el caso de América Latina es crítico; el de Europa, patético). Colombia en particular lo único que hace respecto al trabajo y la remuneración es poner en escena un sainete, que tiene lugar cuando se aproxima el fin de año, en el que el Gobierno convoca a grupos representativos de los que tienen trabajo y remuneración a revisar el salario mínimo, gran farsa de la remuneración, mesa a la cual no se convoca ni a desempleados ni a los pobres porque no tienen organizaciones que los representen, y el Gobierno, que como conductor de la sociedad los debe representar, los ignora y desdeña, o como dice la Virreinal Academia de la Lengua Brava, los mantiene así para seguirlos utilizando en la manipulación politiquera de la permanente esperanza.La falta de trabajo y de ingreso suficiente, cuando lo hay, han sido a través de la historia el combustible de cruentas revoluciones, y los tiempos modernos no son la excepción, pues estos dos factores motivan muchas deformaciones de comportamiento, como las migraciones impelidas por la desesperación y el amontonamiento de las gentes en ciudades, más allá de la capacidad de éstas para absorberlas con desarrollo integral.El trabajo y la remuneración se han visto enredado en teorías académicas y tejemanejes políticos que flaco servicio le prestan a su solución, elevando el retruécano como distorsión de discurso a niveles de arte. Amen de torcerle el pescuezo a la información, pues ya la estadística no es la medición de la realidad, sino un disfraz del interés coyuntural del gobierno, como reunir los requisitos para, por ejemplo, entrar en la Ocde (¿para?).Los observatorios que en buena hora se han establecido para hacerle seguimiento al estado de cosas muestran que en Colombia hay mucha gente que no devenga un ingreso (materia prima del asistencialismo -economía productiva estática- politiquería dinámica); muchas que devengan menos del salario mínimo (cosa que desvirtúa la ‘recomendación’ de salarios mínimos diferenciales como solución para el desempleo); y muchas que devengan el salario mínimo o más pero que no les alcanza (economía social de supervivencia - cero crecimiento).Hemos derogado la ley natural que enseña que el empleo surge espontáneamente de que alguien tenga con qué comprar algo, de que alguien lo tenga para vendérselo, y que este tenga alguien que se lo produzca: el círculo virtuoso comprador-vendedor-productor (este último fuente de dinero para el comprador, siempre y cuando haya valor agregado en la producción). Todo lo demás es adorno.

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