Territorio y gente

Territorio y gente

Marzo 17, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Cali está enfrascada en una reforma a su Plan de Ordenamiento Territorial; sobre su forma, objetivo, pertinencia y alcances.Desde que Cali enmarcó su desarrollo en parámetros legales, empezando por el primitivo Plano Regulador, que nos condenó a ser pueblo grande, la Planeación de la ciudad se ha hecho pensando en calles, edificios, urbanizaciones y algunos aspectos ambientales, pero no en la operatividad económico social de sus gentes. Se reconoce que a medida que la ciudad se queda en las normas de Planeación, es cada vez más caótica y conflictiva para la población, que con su norma atropella la realización de sus necesidades de ubicación y movilidad creándose así una absurda y contradictoria ‘planeación a posteriori’.Es frecuente oír que el Departamento de Planeación está mal conceptuado, que trata solamente el tema de infraestructura y estructura urbana, pero no está acompañado en el andamiaje por un Departamento fuerte y eficiente de Planeamiento del Desarrollo de Trabajo y Vida que coordine las casa y la gente que va a vivir en ellas.Los límites de los barrios y la ciudad no están obedeciendo al concepto básico de planeación, sino al dicho de “¿A dónde vas Vicente? A donde va la gente”. El desorden en Cali se debe a que los asentamientos poblacionales y su crecimiento no obedecen a una planificación social sino a la improvisación de las gentes en búsqueda del acomodo, creando un choque de caminos de vida que les cuesta en dinero y tiempo y encarece los servicios básicos, entre ellos el transporte, causando desperdicio social. Esto ocurre también en relación con los municipios vecinos, a los cuales Cali se ha desbordado, como Yumbo, Palmira, Candelaria y Jamundí que crean terribles nudos en las entradas-salidas, restándole beneficio a la metropolitanización. Y en la conformación y deformación de los barrios, hoy influidas por las pandillas mas que por Planeación, ni se diga, como lo demuestra el contraste entre los planos urbanos de comunas y barrios que se venden en la Plaza de Caicedo y el sutil reparto de la ciudad por estos nuevos entes territoriales, cuyos dinámicos planos los tiene que hacer la Policía.Hace milenios, cuando los grupos nómadas comenzaron a aglutinarse en asentamientos colectivos lo hicieron tratando de consolidar las habilidades y esfuerzos de sus integrantes para beneficiarse de su capacidad de innovar y mejorar su modo de vida. Es natural que entre esos beneficios estaba el de mejorar su ‘habitat’. Pero las ciudades que han dado ejemplo son aquellas que han equilibrado sabiamente la enseñanza del “orden de las cosas” de la Creación: lo primero que hizo Dios con el barro fue al ser humano; y éste después con el barro hizo los ladrillos.

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