Sincronizar la economía

Septiembre 28, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Los paros que tienen frecuentemente lugar en nuestro medio, y sus tortuosas consecuencias nos ponen a pensar en si tenemos una sincronización social, económica y normativa.La palabra sincronización significa la acción de hacer concordar repetitivamente en un determinado momento y secuencia las funciones de las partes que componen un aparato para que cumplan su función.Las economías sociales y fiscales en el mundo, con sus acompañamientos judiciales y administrativos, y Colombia no es la excepción, deben estar sincronizadas si se espera que funcionen sin estorbarse entre sí. Si ocurren los paros con su predictible desbordamiento es porque en Colombia todos los componentes del Estado no solamente se desincronizaron sino que entraron en conflicto.Y si cada vez que ocurra un episodio de esta naturaleza la ‘solución’ no sea una revisión integral de la operación nacional que conduzca a la estructuración apropiada de políticas de estado para direccionar los acontecimientos hacia un objetivo coordinado e incluyente, va a continuar hasta que el desbordamiento sea de tal magnitud de llegar a una revuelta generalizada, con sorpresivas revelaciones en materia de quién con quién y quién contra quién.Y ello dentro del absurdo marco de una ley antirebelión en un país de tantas cosas para rebelarse, particularmente en el campo de la descoordinada administración pública.De hecho, si la gente grita en las calles contra absurdos administrativos de carácter mercantil que los tienen al borde de la quiebra es porque ninguna de las formas de “participación” está sirviendo para corregir muchas inconformidades.El Estado colombiano se ha ‘pedaceado’ en los últimos años, cada pedazo actuando como compartimiento estanco. Con razón la “solución” del problema pasó por la salida de varios ministros.Los ministerios están desbocados cambiando las cosas con tratados de comercio y las dependencias oficiales introducen modificaciones a los trámites a capricho. De ello no resulta una figura coordinada y equilibrada sino una colcha de retazos de normas de obligatorio cumplimiento que chocan, así como lo hacen sus consecuencias, apretando al ciudadano en una prensa de perjuicios.El Congreso Nacional contribuye con producción en serie de leyes improvisadas al nudo legislativo. El aparato estatal por un lado y la realidad poblacional por otro.La política económica y de desarrollo del gobierno nacional tiene que aterrizar a la realidad de que gobernar es un asunto muy serio en la medida que afecta el modo de trabajo y de vida de las gentes en materia grave, cosa con la que no se puede jugar ni ser displicente. Y muchas veces a punta de imaginación politiquera.

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