Rivalidades y prepotencias peligrosas

Junio 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

El confuso episodio de Ucrania, que ha tenido una evolución tipo caja de Pandora (a medida que se va abriendo la tapa, salen más males), ha servido para recordar que las grandes potencias o sus grupos de interés siguen poniendo al mundo en riesgo por el inescrupuloso manejo de sus ambiciones, que los lleva a utilizar amenazas y sanciones, contradictorias con sus intereses económicos globales e internos, verdaderos boomerang, como se está viendo con la reacción de empresas transnacionales que tienen en riesgo cuantiosas inversiones hechas en los tiempos de conveniencia.Ucrania es un país que ha sufrido durante su historia reciente una nociva injerencia de poderes externos, lo mismo que otros países en esa parte del mundo. Las naciones allí han sido peones de ajedrez en los apetitos de expansión por simple prurito de poder de zares, reyes, emperadores, y también escenario de guerras entre musulmanes, ortodoxos, católico romanos y ateos comunistas. Muchas regiones, con su población incluida, han sido rifadas o conquistadas en este juego.Muchas veces dos personas, representando poderosos en trance de engullir a débiles, con marcador en manos y un mapa sobre la mesa han hecho que muchas personas se acuesten con una nacionalidad y despierten con otra, sin ninguna consulta o medición de conveniencia. En el último barajeo de este juego Ucrania quedó compuesta por una fracción poblacional que se llama genuinamente ucraniana, y otra rusa, en razón a que alguien trazó la raya por donde no era; fracciones que de pronto pudieron vivir un tiempo juntas, hasta que la corrupción administrativa acabó con la economía social del país, con la consiguiente angustia, y la Unión Europea, en su afán de expandirse hacia su sueño de una Gran Europa, le hizo guiños a los ucranianos de Ucrania, al tiempo que la nueva Rusia se los hacia a los rusos de Ucrania. El problema evolucionó a lo que vemos hoy: una nación partida, convertida en foco de intereses en conflicto, a punto de crear el escenario para una guerra caliente.Los ucranianos de Ucrania quieren y buscan integrarse a lo que ya es una falacia: que el solo ingreso a la Unión Europea es una cura para todos los males. Rusia a su vez quiere cubrir a todos los rusos bajo el manto de la Federación Rusa (la Madre Rusia) sueño de Putin, cosa que ya empezó a hacer con la recuperación de Crimea, que fue facilitada por la actitud insensata de los ucranianos extremistas. Todo esto está ocurriendo por ancestrales recelos y porque la corrupción administrativa, común denominador de las exrepúblicas comunistas, ha confundido a la sociedad ucraniana, poniéndola en contra de si misma.Esto ha sido campo para las ambiciones de la Unión Europea y de Rusia, que ahora, con el problema de desentendimiento ucraniano, pésimamente mal manejado por líderes que dividen más que unir (lo cual lleva a pensar que hay varios tipos de corrupción en conflicto) están pescando en río revuelto, sin saber qué les va a salir en el anzuelo.Peor aún, los Estados Unidos, que no tienen nada que hacer allí distinto a satisfacer su rivalidad con Putin, que les ha estado ganando todas las jugadas políticas internacionales, está envenenando el ambiente con amenazas y sanciones, que nos enseña la historia pueden ser la primera etapa de reacciones violentas (guerras).Por definición, nación es un conglomerado humano con un destino común.La única salvación para Ucrania es que sus líderes prueben que lo son conformando un destino común, o “partiendo cobija” en forma razonable. Los extraños no tienen nada que hacer allí sino calentar una guerra fría que ya bastante mal le causó al mundo, y que nadie quiere que se repita, dado que Ucrania es un territorio límite muy sensible y crítico. Allí un disparo suena muy duro, y reverbera lejos.

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