Respeto militar

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Hace miles de años se escribió en el Talmud, libro de enseñanzas...

Respeto militar

Julio 13, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Hace miles de años se escribió en el Talmud, libro de enseñanzas paralelo al Antiguo Testamento, que “ningún rey usará su ejército contra su pueblo, pues si lo hace dejará de ser su rey”. Esta frase consagra la total abstracción que deben tener los ejércitos de los conflictos políticos que surjan en sus países, dejando en claro que de no respetarse esa autonomía, el que sufrirá las consecuencias será el orden institucional, representado en aquel entonces por el rey.Esta enseñanza es aplicable a Colombia, así como a muchos países que han cometido el error de permitir que desavenencias internas, ya sea por la tenencia, manejo y usufructo del poder político o económico, o por diferencias religiosas o sociales, sus fuerzas militares se vean involucradas, tanto como separadoras de contendores, o peor, participantes en conflictos internos como contendores. La Constitución, a la vez que margina a las Fuerzas Militares de la participación en política, le señala al gobierno la obligación de acertar en su gestión y crea las instituciones ejecutivas, legislativas y judiciales y de control que deben servir para que los ciudadanos tengan los mecanismos para converger hacia una sociedad funcional, que no necesite irse “a las manos” para zanjar la “no convivencia” de un mal Estado, situación que es la que provoca el llamado a la intervención del ejército.Es por ello que normas internacionales inhiben que un soldado de un ejército de cualquier país utilice las armas de su servicio para combatir contra un ciudadano civil, así esté armado, pues se considera “de entrada” que en una sociedad en orden ningún ciudadano tenga la necesidad de armarse para reclamar sus derechos, pues para eso está el orden institucional. Si de bandidaje se trata, para ello existen las fuerzas de Policía y los órganos investigativos y judiciales.Lo que hay que hacer es que la gente no tenga motivos para rebelarse. (Esto último ha sido clave para solucionar el problema del IRA en Irlanda). Desafortunadamente en Colombia nuestra historia ha sido una de choques y desenvolvimientos conflictivos entre grupos étnicos y sociales desde la Conquista, pasando por la Colonia, enredándose con la Independencia, períodos en los cuales siempre ha habido alguien contra alguien y teniendo que pelear por algo sin que las leyes hayan sido acertadas para amalgamar una nacionalidad con destino común ni las autoridades civiles hayan sido eficaces para manejar las coyunturas de conflicto. Y hay que llamar al Ejército.Amen de ello, cuando estalló la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, estos países hicieron extensión de su conflicto hacia países estratégicamente ubicados y se nos trasladó un conflicto adicional y ajeno, que por su naturaleza fue claramente armado, y que se nos “pegó”, magnificando resentimientos y creando nuevos. También, venga el Ejército. Y “mas peor” si puede decirse, luego nos llego el narcotráfico, que nos ha distorsionado quizá del todo, con su aparentemente inatajable metalurgia de plata y plomo.Ante estos problemas el gobierno no ha tenido ninguna otra fórmula que acudir al Ejército, ya sea porque lo ha convertido en un rutinario instrumento de la administración publica, exponiéndolo a riesgos judiciales, o porque es incapaz de conducir a la sociedad. El respeto a las Fuerzas Militares consiste, en primer lugar, en lograr una administración pública eficiente y eficaz que no las aparte de su espacio constitucional con llamados a somatén cuando la sociedad no funciona (cosa ya permanente) y les permita su desarrollo profesional, libre de los odios y amores que hoy afectan su ánimo.

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