Repuestos nuevos en carro viejo

Enero 23, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

A medida que pasa el tiempo y se analiza el real resultado de las Megaobras que se están alcanzando a hacer en nuestra ciudad, se hace evidente que el criterio con el cual fueron gestadas e impuestas estaba equivocado en relación al beneficio general que generarían, con el cual se justificó el sistema de cobro. A Cali le está ocurriendo con las Megaobras lo mismo que a un carro que se descuida en su mantenimiento y cuando deja de funcionar se le comienza a cambiar piezas, creyendo que al hacerlo el carro se va renovando, cosa que no es cierta, pues las piezas que se cambian son nuevas, cierto, pero el resto del carro sigue destartalado. Y las piezas nuevas no tienen “per se” la virtud de arreglar las viejas, que se siguen deteriorando, y la funcionalidad del carro no se logra sólo con las piezas nuevas. Transcurrido un tiempo, hay que cambiar todas las piezas o cambiar el carro.Pero una ciudad no se puede descartar y comprar otra. Pero como no es un cuerpo inerte, se le pueden cambiar figurativamente las piezas por medio del mantenimiento y la renovación, cosa distinta al cambio, con un programa bien diseñado y mejor ejecutado que obedezca a una planificación e inversión sostenida de pocos recursos bien aplicados y, sobre todo, autoridad urbana. Así lo han hecho otras ciudades, así que, de que se puede, se puede.Esto fue lo que indujo a la creación de la Empresa Municipal de Renovación Urbana que amerita un juicio de su costo beneficio por la gran e insobornable magistrada que es la historia.Por alguna absurda razón, quizá demostrativa de nuestro subdesarrollo conceptual y folclorismo, en Cali no hemos creído nunca que el mantenimiento y la renovación son obras. El argumento para sustentar las Megaobras fue que como en muchos años Cali no había hecho obras, había que hacer un montón al mismo tiempo, sin medir las consecuencias, que hoy están hiriendo la funcionalidad de los caleños.Si una persona deja de comer, porque no tiene dinero para comprar la comida, o porque lo aqueja algún mal, se tiene que abstener de hacerlo, no puede decidir súbitamente atragantarse de comida porque puede sufrir males de salud. El problema de funcionalidad económico-social, fiscal y laboral que tiene hoy Cali es nada más y nada menos que el atragantamiento. El tema amerita un retorno a la lógica y no la persistencia en el error.Las Megaobras deben ser revisadas. De pronto lo que necesitamos son mini o medianas obras de mantenimiento para restaurar la funcionalidad, y generar los recursos para Megaobras reales (“mega” no sólo significa magnitud y ostentación fìsica, sino también un importante efecto), imponiendo, eso sí, una estricta planificación para evitar que la ausencia de disciplina constructora, nos siga dañando las piezas del carro, agravándonos el problema.Los diagnósticos indican que Cali necesita restaurar su funcionalidad para los efectos sociales, educativos, mercantiles, manufactureros, es decir, que las piezas del carro, con apropiado mantenimiento, marchen y permitan marchar, y nos parezcamos más a un carro nuevo.Se atribuye a Napoleón III, rey de España en tortuosa época de la historia, decir, al hacer un recorrido por la ciudad de Salamanca y ver su suntuosa plaza, hoy patrimonio cultural de la humanidad, al lado de la precariedad del pueblo en ese tiempo, que cuando una persona llegaba preguntaba dónde quedaba la plaza de ese pueblo. Pero en Salamanca había que preguntar dónde quedaba el pueblo de esa plaza. Allí hay una sutil lección para Cali.

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