Reinsertados y empresarios

Mayo 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Con mucha razón el gobierno pide a la comunidad empresarial del país que haga espacio en sus instalaciones para acoger a los reinsertados de los grupos en trance de hacer la paz, que no estaría completa sin que quienes han vivido de las armas pasen a vivir de un trabajo productivo, cosa importante para su espíritu, verdadera guía de su comportamiento.Sin embargo, es natural que la sociedad en general tenga recelo de involucrar a exguerrilleros en su planta de trabajo, por cuanto al hacerlo, corre el riesgo de fortuitos comportamientos contrarios a la normalidad en ella, y la misma legislación laboral tiene requisitos que hacen responsable al empresario de cumplir una serie de normas de salvaguarda de la salud laboral e integridad personal en su entable. De hecho, hoy en las empresas se tienen rigurosos esquemas de constatación previa del riesgo del modo de ser de sus posibles empleados, que muchos exguerrilleros no pasarían...Las empresas grandes tienen un amplio y variado campo de acción para responder a este reto, cada una a su modo.Las empresas de menor dimensión relativa no tienen espacio para recibir reinsertados por la misma pequeñez de su entable, que no necesita mucho personal, en momentos en que la carga laboral es costosa y el negocio competido y muchas de ellas, en su versión micro, son empresas familiares y de grupos amigos, tampoco tendrían cabida para reinsertados, ni ofrecerían remuneraciones y beneficios que satisficieran algunas aspiraciones. Somos un país pobre, así el discurso oficial diga otra cosa.Sin embargo, la prueba social representada por miles de personas saliendo del infierno y pretendiendo entrar en el cielo, así sea precario, de un trabajo decente en Colombia, es un reto histórico y si Colombia no encuentra una manera de reincorporar en una sociedad común a todos sus componentes, no tendremos paz., pues así fue que empezó el conflicto.Una de las fórmulas más necesarias para llegar a esa reinserción es acoger a los desmovilizados en la economía social por etapas con un programa de readaptación antes de lanzarlos a la competencia por un trabajo. Esa readaptación debe imperativamente pasar por un tiempo de escolarización, en los cantados espacios de concentración, utilizándolos para estudiar alguna cosa con la cual puedan llegar a pedir un empleo sin que lo devuelvan de la puerta, o mejor aun crear una agencia de empleo para reinsertados, pero pasando por unos cursos en los cuales aprenderían desde leer y escribir, que se nos dice algunos ni pueden hacer, hasta capacitaciones diversas, con un seguimiento psicológico para valorar el mejoramiento y posible y probable comportamiento de la persona en la sociedad abierta y un trabajo, y no tener la amarga experiencia de que muchos reinsertados queden cesantes por algún ruidoso traspiés de un desadaptado.No se puede desdeñar la opción de convertir a los reinsertados en empresarios, a través de los programas de emprendimiento y apropiada financiación que el Sena y entidades afines han diseñado, en los cuales pueden, individualmente o asociándose, generar su propio empleo.Lo claro es que el saque del balón de la reinserción está más en la cancha del gobierno, con los empresarios respondiéndoles a los reinsertados según su potencial mejorado.

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