Quo Vadis Colombia

Enero 16, 2016 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Hace algunos años un cardenal de la Iglesia Católica escribió un libro titulado Quo Vadis centrado en una imaginaria ocurrencia al apóstol Pedro, que agobiado por la terrible persecución de los cristianos a manos de los emperadores romanos, había decidido huir de Roma; pero que en un recodo del camino escuchó venir algo que se arrastraba, y al tenerlo a la vista captó que era Jesús cargando la cruz. Entonces le preguntó: “Quo Vadis Magister” (a dónde vas maestro) y Jesús le respondió: a Roma para ser crucificado y cumplir mi destino. Pedro entendió el mensaje y regresó a Roma donde, nos dice la historia religiosa, fue crucificado. La moraleja era que nadie escapa a su destino.También, del Oriente nos ha llegado la idea del karma, la recompensa por el bien hecho y el castigo por el mal hecho, también si son heredados de progenitores, que si bien no se fundamenta en un destino fatalista, si hace temer a algunos por sus malos hechos o por los de sus ancestros, particularmente si han causado perjuicio y dolor a otros. Colombia se equivoca si cree que va a pasar del conflicto al postconflicto sin ser crucificada como Pedro o castigada por el karma negativo que se ha acumulado, y tan lo hace que esa es la esencia de la llamada justicia transicional, que no es otra cosa que un ejercicio en sacarle el bulto (“Yo no sé nada, yo llegue ahora mismo, si algo pasó, yo no estaba aquí”, como dice la canción del anacobero Daniel Santos), a las responsabilidades de toda índole, que están y que saltan en el ejercicio de la comisión de la verdad, que, o averigua todo y lo publica, cáigale al que le caiga, o no averigua nada y todo el mundo se traga el sapo, ninguna de las dos admisible en un proceso serio de normalización de la vida nacional y su imagen ante la comunidad internacional, con la fiscal Fatua Bensauda de la Corte Penal Internacional poco dispuesta a tragar entero. Estudiosos del Tratado de Versalles, que dio por terminada la Primera Guerra Mundial en 1918, impuesto a Alemania derrotada, coinciden en que fue el atizador de la Segunda Guerra que se inició en 1939 no tanto por las leoninas y humillantes condiciones y despojos, bajo la sombrilla de la Liga de Naciones, sino porque el mundo no entendió los alcances del sentimiento de revancha, Y la ferocidad de la revancha de la Segunda Guerra Mundial costó muchas más veces en destrucción y muerte que la primera, más los odios sembrados que hoy retoñan en guerritas.Es también históricamente comprobado que todos los gobiernos colombianos de los últimos 50 años (edad del actual conflicto), algunos de cuyos presidentes están hoy activos en política, en vez de buscar soluciones político-sociales al conflicto, empezando por siquiera diagnosticarlo apropiadamente para poder diseñar un orden social operante para oponérselo a la subversión, han terminado volviéndose parte de la guerra y por ende del desorden.

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