¿Protección o estímulo?

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El complejo episodio mercantil internacional que vive Colombia hoy con Panamá por...

¿Protección o estímulo?

Agosto 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

El complejo episodio mercantil internacional que vive Colombia hoy con Panamá por una serie de medidas proteccionistas para los sectores de confección de ropa y fabricación de calzado, primero en forma de restricciones portuarias (ridículas, valga decir) y luego por un arancel especial (politiquero) de cinco dólares por kilo, que fueron impugnadas por Panamá con éxito ante la Organización Mundial de Comercio, OMC, nos pone de presente que Colombia debe olvidarse de imponer restricciones como medida proteccionista pues en el amplio espectro de nuestra internacionalización ya tales medidas no tienen cabida y el gobierno debe volver su atención hacia el consejo que los gremios le hemos dado desde hace tiempo de descartar la protección aduanera como instrumento de competitividad artificial y pasar al de los estímulos que, valga decir, son el instrumento que más se usa para competir tanto en el mercado de exportación como en el de importación, porque es el que mejores herramientas de trabajo y respuesta a la competencia le da al productor nacional.La economía moderna fija más bien, como instrumento de competitividad, y por ende con ello pretender dejar sin piso al contrabando (que ha sido inderrotable, y lo seguirá siendo mientras genere el lucro que le permita abrirse paso) el estímulo a la producción nacional, que empieza, como diría Perogrullo, por el estímulo a los empresarios nacionales, que soportan una pesada carga fiscal y una compleja tramitología arcaicas que les atan las manos.Cuando en los años 50 América Latina siguió las orientaciones de la Cepal cerrando sus importaciones para sustituirlas con producción nacional cometió el error de no programar apropiadamente el desenvolvimiento de la producción nacional, con integración horizontal y vertical, para ir reemplazando la producción importada con producción nacional, con énfasis en la producción de materias primas e insumos intermedios, o sea las cadenas productivas complementarias. Es decir, se hizo una industrialización a medias, y además, con una malsana interferencia por el tráfico de influencias en decisiones, creando inequidades mercantiles que dieron vida al contrabando, que recibió una bendición casi papal cuando convertimos a San Andrés en puerto libre.Este modelo hizo crisis en los años 90 provocando una apertura mal hecha que destruyó mucho de lo construido, y se mezcló malsanamente con la utilización del comercio internacional para el lavado de activos (manteniéndole al comercio internacional un aura medieval indiscriminada de delito) y con el fetichismo de los tratados de libre comercio.Así, el productor colombiano, no solamente en la industria, sino en todo el espectro productivo, quedó a una deriva inmanejable.Para colmo de males, el aparato estatal colombiano sufrió un sobredimensionamiento excesivo que para justificarse se ha convertido en una traba para toda actividad, particularmente en el campo de la competencia internacional, que es tanto externa, cuando exportamos, como interna, cuando importamos, uno de los equilibrios más difíciles de manejar, en el cual no se puede improvisar.

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