Nuestra reconstrucción integral

Agosto 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Si hay algún término que describa con realismo la tarea que tiene Colombia por delante, más que ‘post-conflicto o post-acuerdo’ es el de una reconstrucción integral, tanto de la funcionalidad del Estado como de su sociedad, cuya ruptura fue de entrada la causa del conflicto, y que no se puede repetir.Esto se debe a que también la única expresión que puede describir el efecto de los cincuenta años de guerra civil no declarada que hemos sufrido es la de una destrucción paulatina de la funcionalidad real del país, que fue ignorada por los sucesivos gobiernos al fragor del torbellino de los acontecimientos y de la ruleta política.Esto nos ha conducido a un estado de cosas caótico, que se disfraza con estadísticas acomodadas, como lo demuestra el hecho de que cualquier medida que se toma presuntamente para resolver algún problema resulta fallida y el problema sigue. A medida que personas o grupos de interés concurren a La Habana para visualizar figuras de futuro, se nota el vacío de soluciones reales que ha dejado quizá no el mal gobierno sino el gobierno confundido, nacido del hecho de que todos los gobiernos han subido con la consigna de encontrar la paz, cada uno con su propio estandarte, sin que ninguno lo haya logrado.En todas las comparaciones de indicadores económicos, sociales y administrativos gubernamentales que se hacen mundialmente, Colombia resulta ubicada en puestos de atraso, con la excepción del Ministro de Hacienda. Y la única explicación para esto es la paulatina destrucción de la gobernabilidad por el gran distractor: el conflicto interno.Esta situación no se resuelve con paños de agua tibia, ni con el esfuerzo, más bien sacrificio, del pueblo. El Gobierno, y sus progenitores, el sector político, como conductor de la sociedad, y que por serlo, con mucho poder, valga decir, tiene la responsabilidad de lo bueno y malo que ocurrió en su respectiva gestión, tiene que darse la pela más grande consistente en las más sustanciales reformas administrativas para disminuir su peso fiscal en beneficio de la sociedad, y darle alas a la población para ir labrando su vida y recuperando el tiempo perdido, utilizando las herramientas del desarrollo libre y abierto (la industria, el comercio, las profesiones y servicios, etc.) que no pueden ‘pelechar’ sino cuando se ponga fin a la gran distorsión de nuestro comportamiento: El Fariseismo politiquero y la corrupción administrativa, no solamente presente con casos, no por esporádicos menos nocivos, en el poder ejecutivo sino también en el legislativo y el judicial, y, el colmo de colmos, en los mismos organismos de control, sin cuya falencia ella no existiría.Colombia, cuya última guerra en defensa de la patria fue la guerra con el Perú en 1932, y que solamente vio una ciudad destruida ‘a lo guerra mundial’ el 9 de Abril de 1948, ha vivido una guerra causante de una destrucción más nociva, al punto de que fue calificada como un ‘Estado fallido’ y algún observador internacional conceptuó que si los colombianos no podíamos vivir juntos, que nos dividieramos en varios países.La reconstrucción en lontananza nos va a poner a prueba.

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