Mucho gobierno, mal gobierno

Mucho gobierno, mal gobierno

Febrero 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Se dice que Thomas Jefferson, uno de los padres de la independencia de Estados Unidos y uno de los mas importantes moldeadores de su democracia, en alguna ocasión dijo que la historia nos enseña que cuando hay malos gobiernos ello tiene su origen en “mucho gobierno”.Se refería a algo que ha hecho carrera en la administración pública -que ha reconocido la importancia de una proporcionalidad mesurada entre el tamaño del gobierno y el de la sociedad que éste dirige-: que si es rebasada por el gobierno resulta pesada y estorbosa para el conglomerado.En efecto, la introducción de la democracia en reemplazo de las autocracias fue demostrando que muchos de los males de las ‘sociedades’ monárquicas eran los malos gobiernos que sufrían sus súbditos debido al mucho gobierno de realezas arrogantes e ineptas. No en vano Jefferson había estudiado y vivido la racha de independentismo de las colonias americanas de las metrópolis inglesa, francesa, española y portuguesa en las que tuvieron mucho que ver los efectos de las guerras napoleónicas, cuya motivación fue el mal gobierno (grito que se escuchó el 20 de julio: “Abajo el mal gobierno”).Esto precisa el diagnóstico de Jefferson en el sentido de que la magnitud de los gobiernos, para efectos de su calificación, no se cifra solamente en el número de personas que los componen sino además en su acierto en el uso del poder de decisión y administración que ostentan, en el cual los pueblos, cada vez con más conocimiento y consciencia de la cosa pública, quieren tener más intervención. Colombia es un caso muy particular de gobierno grande pero mal gobierno. Pese a los gritos de “abajo el mal gobierno” que justificaron la Independencia y la República, Colombia no ha podido estructurar un buen gobierno, tanto cuantitativo como cualitativo, porque el poder se concentra en clases y grupos que tienen la influencia para mandar y se deja al pueblo a la deriva, y se le imponen dictados que no son los mejores (las malas estructuras institucionales y las pésimas leyes de las cuales ‘gozamos’). (La corrupción da para otro espacio). Se quejaba un poeta: Bolívar tumbó a los godos (apelativo con que los criollos señalaban a los españoles o peninsulares) y desde ese infausto día, por un tirano que había (el rey de España) se hicieron tiranos todos (nuestra plutocracia).Ejemplo clásico es el Frente Nacional, creado para evitar que los partidos políticos tradicionales se siguieran matando entre ellos por el poder (cosa que nos lleva a averiguar en qué consiste el poder en Colombia para que se maten por él) y decidieron repartir los puestos del gobierno (surge aquí ya una definición de poder: puestos) en mitades. Pero no lo hicieron partiendo lo que había en dos (50%-50%), sino duplicando el tamaño del gobierno para que nadie saliera perdiendo y a cada uno le tocara su 100% haciéndolo más costoso y lento que lo que era. Y ello ocurrió precisamente cuando el país necesitaba menos gobierno y más espontaneidad popular, semilla de la presión años después por un cambio constitucional.Una señal de mal gobierno es que este hable constantemente a nombre y por el pueblo, que en el mundo moderno ya tiene cultura y medios para expresarse por sí mismo, pues al hacerlo desdeña la capacidad popular. Cuando con estadísticas pretende amañar las realidades es mal gobierno, pues ocultar la verdad es alejar las soluciones, y hacerlas más difíciles, con más sufrimiento de mal gobierno para el pueblo.Un buen gobierno es como un buen traje: a la medida y sin tanto adorno.

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