Más claridad

Febrero 14, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Si bien es un hecho que el proceso que se surte en La Habana viene avanzando en dirección a la meta propuesta, que es la terminación del conflicto armado en Colombia, están quedando en el camino una serie de aspectos que deben ser aclarados pues ,de no hacerlo, serán constantes tropiezos retardatarios del proceso e inclusive pueden llegar a dar al traste con él.Es el caso del cese unilateral o bilateral del fuego. Cuando un conflicto ha sido tan cruento, prolongado y con causas tan profundas y secuelas y efectos colaterales tan destructivos material y moralmente como el que hemos vivido en Colombia, el cese al fuego es un tema, tanto primordial como difícil de manejar, en un proceso de terminación y retorno a una normalidad aceptable.Los avances en el proceso, aunque tortuosos por la elemental razón de la desconfianza y la natural búsqueda de la ventaja por las partes (amén del efecto desestabilizador de nuestra estridente discordia interna que se traduce en interferencia), han sido claros hasta que se ha llegado al punto del cese al fuego pues este determina el cese de toda clase de actos que se consideren bélicos, o sea la desaparición del factor riesgo.Valga decir, dentro de nuestro conflicto no se han respetado las leyes de la guerra, por la misma naturaleza de irregular que tiene la actuación de una guerrilla, que el diccionario define como una modalidad de combate de forma variante y recursiva, y que en nuestro caso, hay que admitirlo, nació de actos criminales e inescrupulosos cometidos por facciones políticas en lucha por el poder (La ‘violencia’ y ‘la guerra civil no declarada’), que todavía pesan en el ambiente.En la discusión pública sobre si debe haber un cese al fuego unilateral o bilateral, caemos en el absurdo de pretender decidir si vamos a seguir teniendo una guerra total o parcial, pues pretender que una parte de un conflicto deje la guerra y la otra la siga no es lógico pues las guerras no admiten que se turnen los contendores, como en pico y placa, particularmente cuando hay muertos y heridos y daños colaterales. El fuego o se acaba del todo (por arreglo entre las partes) o sigue del todo (hasta victoria o derrota), por su misma naturaleza.Las actividades delincuenciales no tienen cabida en el escenario del cese al fuego con el disfraz bélico-social. Infortunadamente en Colombia hemos permitido, por malas leyes y un sistema económico ineficaz, que actividades delincuenciales se conviertan en sectores de la economía con cada vez más amplia cobertura y consecuente dependencia como modo de vida poblacional, cosa que hace muy difícil manejarlas dentro de un conflicto armado, razón de más para que este termine. El mayor reto que tienen los negociadores es encontrar la fórmula para el cese al fuego bélico total, para por lo menos dar la sensación de ruptura de la cadena de guerra, sin que afecte la lucha contra la delincuencia. Mucho ayudaría esto a la claridad y la confianza en el proceso, y a su culminación.

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