Las víctimas vivas

Junio 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Por regla general cuando se habla de víctimas de algún conflicto con manifestaciones violentas, se refiere a aquellas personas que han perdido la vida, y en segundo plano, si acaso, de los heridos, que muchas veces pueden sanar o quedar con secuelas graves permanentes, como la discapacitante pérdida de miembros o sentidos, o desfiguraciones grotescas, es decir, prácticamente muertos en vida.Pero poco se habla de aquellos que, como consecuencia de una acción violenta o amenazante se tienen que desplazar forzosamente de su arraigado sitio de vida, ya sea por nacimiento o voluntaria, o conveniente migración, e irse de allí a otro lugar y a otro, a veces cercano, a veces lejano, a veces receptivo a veces rechazante.Por más de cincuenta años Colombia ha visto a los ya cuantificados por las Naciones Unidas siete millones de desplazados, refugiados les dicen en algunos sitios de destino, como consecuencia de una guerra civil en la cual no han tenido casi nada que ver, pues primero fue un enfrentamiento entre intereses partidistas locales, que en nada les interesaba pues beneficiaba a clases dominantes a las cuales no pertenecían, y luego en una guerra ajena trasladada para defender a otros de otros, como fue la guerra fría entre poderes extranjeros, que tampoco les interesaba pues en nada les iba a arreglar sus problemas locales.Fue así como centenares de familias, parte de la cuenta de siete millones de la ONU, se vieron destrozadas, pues cuando fueron desplazadas no fue a las buenas sino a las malas, (¿por quiénes?, solamente nos lo podrá decir el tan anhelado libro blanco de la verdad, un pendiente del proceso de paz) tuvieron que dejar su heredad o su sitio de trabajo para irse a cinturones de miseria en ciudades que no estaban preparadas para recibirlas, y hoy conforman una población que sigue sufriendo la violencia de un desarrollo social y humano que no les llega, ni un retorno a su lugar de origen o a un esquema de trabajo a pesar de que se les promete en cada episodio electoral.Peor aún, la guerra civil que siempre ha estado vigente, simplemente con cambios de actores, los ha alcanzado en sus barriadas con su intranquilizante beligerancia.Lo más grave de todo este episodio es que la urgencia por obtener un modo de vida que el modelo económico imperante en Colombia no puede proveer, ha creado diferentes modos alternos, algunos delincuenciales, que están afectando la vida de los desplazados, en las diversas generaciones que han nacido en el desplazamiento.También creando nuevos esquemas de valor social, pues es un hecho reconocido que el desplazado, y su familia, si son marginados, como ocurre en las ciudades o en el campo mismo, son susceptibles a sucumbir a las presiones de la vida, adoptando costumbres antisociales, es decir, chocando con la sociedad que los desplazó, cosa que explica muchos de los problemas que llamamos de convivencia, que pretendemos afrontar con humillante asistencialismo y con el Código de Policía.

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