La promoción del empleo

Noviembre 10, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

El Gobierno colombiano, como todos los del mundo civilizado, está urgido por fomentar la creación de empleo, dado que ya hasta los más teóricos dirigentes de la economía tienen que reconocer que solo el empleo y sus efectos en la suficiencia y armonía social pueden significar desarrollo y crecimiento. Las crisis de EE.UU y de Europa, con potencial de tumbar gobiernos, lo confirman.La sociología diagnostica que el vínculo más significativo entre el individuo y su nacionalidad es la posibilidad y modo de ganarse la vida en su ámbito con dignidad. Las grandes migraciones, en las que las gentes se desarraigan de su patria para echar raíces en otra, pretende buscar el modo de vida que ella le niega. Las revoluciones también tienen su soporte en la inconformidad de la gente con su exclusión laboral en su nación; y las ideologías que acompañan tales brotes son los catalizadores, más que las causas. Es bueno que el Gobierno reconozca esto y lo convierta en un propósito primordial. Pero es malo que se esté equivocando en la forma de llegar a tal meta.Para que en un país se genere empleo tienen que coincidir condiciones reales de negocio, que la relación laboral o contractual lo es, no de rimbombancia politiquera. Y que el Gobierno reconozca que tiene que cumplir su misión de conducir a la sociedad estimulando y no estorbando, y que el derecho al trabajo que la Constitución le garantiza a los ciudadanos es realmente su obligación de acertar en su gestión para promoverlo.Y es que el empleo dependiente o trabajo independiente no son nada distinto a un negocio, en cuyo ámbito una persona necesita los servicios de otra para producir un bien o prestar un servicio por el cual se paga una remuneración que sirve para invertir en la compra de su nivel de vida y hacer girar el círculo virtuoso de la compraventa y la producción con crecimiento real. Si por algo están en crisis EE.UU y Europa, es porque permitieron que se rompiera ese círculo virtuoso y la economía social productiva dejara de retroalimentarse con suficiencia, como consecuencia de la desviación del dinero hacia esquemas especulativos, torbellinos de dinero que deforman la productividad real. Hoy surge el clamor (como en Francia) por la generación de empresas pequeñas como generadoras de más pronto y más numeroso empleo (como en Alemania).La base del empleo es el mercado interno del país, nutrido por el poder adquisitivo poblacional, es decir, la cantidad de dinero que la gente recibe por su trabajo sin que se lo disminuyan con descuentos a su paga y recargos a su empleador, disfrazada de seguridad social, que está pidiendo a gritos ser revisada. La modernidad exige una simplificación de la relación empleador-empleado para hacerla más ágil y menos costosa en su administración para estimular el empleo restándole desestimulantes causas de conflicto. Esto acompañado por una gran eficiencia y eficacia estatal. La insuficiencia del sueldo, tradicionalmente bajo en Colombia por el negativo efecto de la creencia de que el Estado, en vez de educar a la población para manejarse socialmente, y así aprovechar su ingreso para su bienestar, tiene que obligarla a enmarcarse en esquemas de paternalismo que le restan ingreso directa o indirectamente sin prestarle el beneficio que presuntamente justifica el esquema, dado que se convierte en sanguijuela burocrática.La responsabilidad social debe consistir en aunar esfuerzos para que el mayor número de conciudadanos tengan la verdadera seguridad social de una ocupación con ingreso. Y es hora de dedicarse a hacerlo con conciencia de rectificación de un modelo empresarial-laboral al cual hay que aumentarle la talla porque está quedando estrecho, causando pobreza, que por no tener poder de compra, no solo no realimenta el empleo, sino que lo hunde como peso muerto.

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