La nueva economía colombiana

Octubre 19, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Los desenvolvimientos adversos, nacionales e internacionales, que ha tenido en los últimos meses la funcionalidad colombiana, que han derrumbado ilusiones de bonanza y convivencia fáciles, no permiten poner esperanzas de solución sustentable de esa situación en reformas puntuales tipo remiendo sino en una total revisión, hasta con base cero, del modelo económico, social, laboral, político, tributario, territorial y hasta costumbrista-cultural que nos viene rigiendo.En esta prospectiva caben todos los factores adversos que hemos sufrido, y, por qué no decirlo, hasta cultivado, contando no solamente el del llamado conflicto interno, sino el cúmulo de equivocaciones y defensa de intereses estrechos que han caracterizado nuestra forma de hacer las cosas, y que son ya reconocidas como la raíz de ese conflicto interno, y que si continúan en el llamado postconflicto, que precisamente no tiene otra definición que eliminar las causas de conflicto en nuestro modo de ser y de hacer, harán que el proceso de búsqueda y encuentro de un acuerdo que se espera de La Habana se pierda y volvamos a un conflicto redibujado y recalentado.En este proceso de reforma el componente más importante es el económico, dado que el ingreso poblacional es el soporte de cualquier paso en la vida diaria, significando con ello no un repunte de indicadores, números que no tienen ninguna validez a menos que haya certeza de cómo se configuraron, sino una real modificación palpable del modo de vida nacional, desnudado a veces cuando los noticieros televisados muestran a vivo ojo la miseria nacional, tanto en el campo como en las ciudades, que se reconoce como el caldo de cultivo de comportamientos antisociales. Una definición de un antisocial es una persona que se vuelve contra la sociedad porque esta (el sistema) no la deja ser parte de ella, y entra en comportamientos rebeldes, y cuando se pierde la moral, delincuenciales. Se escucha con frecuencia que los organismos internacionales de apoyo económico y grupos de ‘status’ a los que queremos llegar (como la Ocde) le reclaman a Colombia reformas de su ‘modus operandi’ económico-social que ya se han probado en otros países con éxito. Pero hay en nuestro medio grupos refractarios a cualquier cosa que les elimine privilegios, muchos obsoletos, costosos sin utilidad comprobable, y es así como nuestra naciente industria, cuando se atreve a nacer, no dura sino dos años derrotada por el sistema tributario y tramitacional, con el empleo popular, fundamento de cualquier estructura ciudadana y republicana, como principal víctima.

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