La moral militar

Diciembre 03, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

La farándula politiquera ha estado ocupada desde hace meses en difundir evaluaciones en el sentido de que las Fuerzas Militares están desmoralizadas por un cúmulo de razones interpretativas adornadas por tendenciosos señalamientos.Flaco servicio le hace esta picaresca a algo tan serio como el manejo del orden público, en un escenario de conflicto social generado por múltiples causas, en el cual la vida de personas y la estabilidad de comunidades está en juego al vaivén de hechos que no son solamente del resorte de las Fuerzas Militares manejar, sino que se desprenden de la incapacidad de la sociedad para encauzar el país por un esquema de soluciones que no requieran de la fuerza institucional y sus armas. La moral está definida como las facultades del espíritu y el vigor del ánimo para adelantar un esfuerzo, siempre con el bien prevaleciendo sobre el mal. Si las Fuerzas Militares, a pesar de estar haciendo lo que pueden con lo que hay y en un proceso de mejoramiento continuo, están pasando por un período difícil se debe a no otra cosa que tienen 50 años atrapadas en un conflicto interno de carácter político originado primero por partidos políticos egoístas incapaces de conciliar, dentro de sus diferencias, una convergencia hacia el bien común nacional, y luego por el infame involucramiento de Colombia en la Guerra Fría, que hizo daños similares en varios países de Latinoamérica. Desde 1932 cuando tuvo lugar el conflicto amazónico con el Perú ningún soldado colombiano ha disparado un tiro en defensa de la soberanía nacional, pero sí bastantes en el conflicto interno, afortunadamente hoy reconocido, diagnóstico que permite buscar remedios apropiados para la enfermedad.Ningún ejército de América Latina, fuera del colombiano, ha permanecido por 50 años continuos en vida realmente castrense (del latín Castrum, Castra: campamento). Mientras los ejércitos de países muy beligerantes, como el de Estados Unidos, han tenido participación en guerras pero con respiros que le permiten a sus tropas llevar la exigente vida militar por lo menos con visos de normalidad, los militares colombianos y sus familias han vivido constantemente, y dentro de muchos períodos de gobiernos de variados matices, sometidos al falazmente llamado “el enemigo interno”, entelequia que describe no otra cosa que la enemistad entre facciones internas que al vaivén de las rotaciones de la tenencia del poder tildan a la que no lo tiene como enemigo para abrir caminos de represión, figura que compartimos con varios países. Así, se hace una utilización equivocada de la Fuerza Institucional y ello conlleva a que problemas poblacionales solucionables se tornen insolubles dando pie para que se vuelvan actividades delincuenciales que, como ocurre en Colombia y se comprueba con ejemplos de América, modifican y dificultan el manejo del escenario.Si las Fuerzas Militares están sufriendo una guerra política, es porque se dejaron enredar en ella y como tienen vedado participar en política, ello les dificulta defenderse.La sociedad está en la obligación de definir con suma claridad el papel de las Fuerzas Militares en la situación que vive el país, escenario que obliga a crear el principio de responsabilidad compartida con el gobierno civil en todas las actuaciones de orden público, cosa que modificaría la tendencia a no resolver los problemas nacionales a cuenta de que tildándolos de orden público se los pasan a las Fuerzas Militares para que se desgasten en ello y encima paguen el pato.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad