La lección de Chamberlain

Junio 10, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Neville Chamberlain, el primer ministro de Inglaterra en los difíciles años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial, ha sido injustamente descalificado con epítetos como un apaciguador, débil de carácter, que no fue capaz de frenar a Hitler, como si las dinámicas del revanchismo alemán motivado por el Tratado de Versalles y de la unificación de la Nación germánica pudieran haber sido parados con una cara brava.Para comprender a Chamberlain, y aprender una lección de manejo, hay que ubicarse en el contexto de 1937, los tiempos del angst (angustia) que dominaba a Europa.Cuando Hitler y Chamberlain concurrieron a la reunión de Münich en 1.937, la guerra estaba signada, porque no se veía manera de conciliar las fuerzas sociales y políticas que se habían desatado. Los dos fueron a Münich con estrictas instrucciones de no permitir que la guerra empezara, porque ninguno de los dos estaba al día en armamento, y estrategia y táctica militares.La Guerra Civil de España, en un principio un episodio interno, se había convertido en un campo de batalla de las fuerzas que se peleaban la supremacía sobre Europa. Así, tanto Alemania (la división Cóndor), Italia (los Bersaglieri de Mussolini) y los grupos comunistas, anti-nazis o anti-fascistas (la brigada Lister de Inglaterra, y los grupos de voluntarios de otros países, entre ellos Estados Unidos), fueron enviados a reforzar el lado republicano o el falangista, según tendencias. España, así, se convirtió en el campo de prueba de todas las armas cuyo desarrollo se había quedado trunco al terminar la Primera Guerra Mundial y como el mundo había entrado en una crisis económica el negocio de las armas había tenido un receso que había interrumpido la puesta en práctica de algunas innovaciones.En España esta barrera cayó y en sus campos se ensayaron todas las nuevas armas de infantería, de blindados, de artillería, de aviación, y ése ensayo hizo que las potencias beligerantes se dieran cuenta de que necesitaban tiempo para actualizarse. Luego de que Chamberlain bajó del avión y ante las cámaras esgrimió el famoso papel diciendo que en él traía mil años de paz, fue al ministerio de guerra y les dijo: ahí tienen los dos años que me pidieron que les consiguiera. (Había la premonición de que de 1.939 no se pasaba).Alemania se enfocó en utilizar los dos años que coincidentemente había conseguido para armarse mejor. Cuando consiguió la adhesión de Austria, se apoderó de la experticia y de las fábricas de armas de Steyr. Cuando invadió Checoeslovaquia se apoderó de Skoda, Breno y Czeska. Así como lo hizo con todo lo que tuviera que ver con preparación para la guerra, como consolidar la alianza con las monarquías de Hungría, Rumania, Bulgaria y Yugoslavia, temerosas de su derrocamiento por la Rusia comunista.Inglaterra, si bien hizo un gran esfuerzo para mejorar lo que los veteranos de la brigada Lister transmitieron, estaba empantanada en otras distracciones, como las guerras coloniales y problemas vecinales como Irlanda; y la República Francesa estaba en un desarreglo similar. Esta distracción le permitió a Alemania cogerles ventaja. Y eso no fué culpa de Chamberlain, así Winston Churchill lo tomara como chivo expiatorio.Este episodio es un libreto para muchas obras político-teatrales, cambiando los sitios, las épocas y los personajes. Y plenamente aplicable a Colombia y su guerra interna, como a veces se hace. Pero tomando en cuenta que el comparativo en el juego de ganar o perder tiempo, ya sea en paz, guerra ó tregua, no es la ceremonia ni el plazo, sino en qué forma cada una de las partes los aprovecha o desaprovecha. Esta es la esencia de nuestro examen de conciencia, sobre todo ‘ad portas’ de otro episodio de aproximación a la paz.

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