La ingeniería del trámite

Enero 20, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

El reciente conflicto por la cuestión de las licencias de conducción pone de presente el grave problema de Colombia con el diseño y práctica de sus trámites, cosa que es molesta y uno de los componentes de nuestra ineficiencia lo que repercute, como falta de competitividad, en nuestra relación con el mundo.Los diccionarios de la lengua castellana definen trámite como un camino para surtir los pasos que se deben cumplir para realizar una diligencia o negocio. Fijan su esencia en pasos que deben estar justificados, ordenados y coordinados para que el tramitante pueda cumplir el cometido. Los trámites no necesariamente son de naturaleza oficial y tienen plena vigencia en asuntos organizacionales privados. Pero lo que sí es imperativo que cumplan es que sean necesarios y apropiadamente diseñados pues su cumplimiento, por lo general una obligación legal generadora de sanciones o inhabilidades, le significa a las gentes tiempo, a veces incomodidades hasta infames y dinero. En esto se cifra la falacia de que en Colombia dejamos todo para lo último pues si los trámites fueran fáciles y no tuvieran costos absurdos, no se quedarían sin atender.En Colombia se ha tratado de combatir la ‘tramitomanía’ gubernamental con leyes antitrámite, de muy difícil parto legislativo, dado que los trámites han devenido en carreras de obstáculos y costos que gozan de especial favor en nuestra corrupción administrativa, pues en algunos casos sirven solo para mantener un ‘puesto’ y en otros crear un ‘peaje’ pues el pago de un dinero al funcionario o al ‘tramitador’ facilita su cumplimento. (Este es el origen de la palabra ‘tarifa’ en el lenguaje ‘moro-español’). No sobra decir que el cumplimiento de las leyes antitrámite hay que exigirlo con tutela en muchos casos.Si Colombia quiere modernizar su desempeño general tiene que aplicar la ingeniería de procesos al diseño y práctica de los trámites que le queden luego de eliminar los no justificados. Un estudio del tiempo que las personas tienen que gastar en colas y en ‘ires y venires’ porque no hay sino una persona atendiendo a cien, o “aquí no es” y el sitio en donde sí es queda a cien cuadras, y que no atendemos sino de tal a tal hora, (y del horario oficial, qué?) y etc., nos daría un buen porcentaje del PIB. Otro tanto del PIB perdido son el montón de ‘costos espurios’ en dinero consistentes en el tributo al centralismo, pues muchos tramites incluyen uno o varios viajes a Bogotá, o contratación de alguien allá.El caso de las licencias de conducción ha puesto de relieve lo irresponsable que es que el Estado divida tramites entre dependencias oficiales y otras privadas, aquellas donde se hacen exámenes médicos, por ejemplo, sin una debida correlación, pues ello divide responsabilidades a cargo y culpa del tramitante. La racionalización de los trámites es un derecho fundamental del ciudadano.

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