La inflación

Enero 15, 2017 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Con la misma expectativa que Colombia espera al Niño Dios, lo hace con la publicación del Índice de Precios al Consumidor (IPC), especialmente en su versión anual, que es la cifra con la cual entidades del gobierno nacional fijan, mediante seguimiento de factores, el alza que ha tenido el costo de vida familiar.Esta cifra se convierte en el determinador de precios, o sea del bienestar o malestar económico-social del país.Son muchos los casos en los cuales el IPC se convierte en un distorsionador de la verdad económico-social como ocurre en este momento en Colombia que sufre los efectos de una devaluación de la moneda hace un año, que recortó el poder adquisitivo popular por su efecto alcista en la tasa de cambio en lo importado que en el país es mucho, y ahora recibe el impacto de una reforma tributaria que sube los impuestos con figuras que le restan poder adquisitivo a la población y con el IVA deforman el juego del IPC.El gobierno desdeña la realidad de que por encima de los casos del salario mínimo y del IPC que se presentan como ajustados al precio de la subsistencia, el gobierno, en sus tres espacios geográfico-administrativos: nacional, departamental y municipal, genera recargos en el costo de vida a los ciudadanos mediante su facultad de imponer tasas, sobretasas, recargos y tarifas, por encima y fuera de lo que se llama la canasta familiar y los costos de subsistencia.“No solo de pan vive el hombre”, dice una enseñanza bíblica, hablando de lo espiritual. Pero en Colombia el simbólico complemento del pan que tal enseñanza significa está reemplazado por una desenfrenada carrera de costos adicionales generados por la ambición de alcaldes, gobernadores y ministros para cubrir los espacios de gasto público no cubiertos por la tributación ordinaria, muchas veces redundantes, caprichosos y debidos más a la mala administración así como a la corrupción administrativa en todas sus formas, que a necesidad real de recursos.Es así como se crea una inflación adicional, que hace que el IPC quede corto como indicador y ello conduzca regularmente a insatisfacción, particularmente luego de la farsa anual navideña de la reunión para definir el salario mínimo.Con Consejos Municipales, Asambleas Departamentales manipulados y presiones de toda índole, al ciudadano colombiano, le resulta otra canasta, además de la familiar, de aumentos en sus costos (servicios públicos demasiado onerosos y rodeados de escándalos y trámites desbordados, y todo lo que se le ocurra a alguien en el gobierno en trance de financiar algo, que salen del mismo bolsillo de la canasta familiar, sin que le ingresen fondos adicionales, convirtiendo esto en una inflación que destruye todos los equilibrios que se pretende obtener con el salario mínimo y el IPC.Colombia no puede hablar de tener una tributación estructurada a menos que la integre para que el ciudadano sepa cuanto le está costando la canasta familiar con todos los gobiernos incluidos.

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