La angustia mundial

Noviembre 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

El mundo está pasando por una angustia colectiva reminiscente del ‘angst’ que afectó a la población de Europa central durante los años 1930. Y fue un inductor importante de las corrientes de belicismo, dentro de los países, y entre ellos, que culminaron con el estallido de la segunda guerra mundial.Vemos ahora en los medios de comunicación las imágenes y relatos de los conflictos que se han generado por el colapso de las economías sociales; a gobernantes y asesores reuniéndose casi todos los días para encontrar fórmulas mágicas para re-direccionar lo descarrilado (sin saberse si lo están logrando); y gobiernos en vilo y cayéndose por efecto de multitudes inconformes manifestándose cada vez con más beligerancia contra íconos de la economía como los bancos y las bolsas.Esto se debe a no otra cosa que un largo periodo de desorden económico que, tal como lo hizo el orden económico de las economías rígidamente controladas como las comunistas ha distorsionado las prioridades de la sociedad, viéndose hoy re-ediciones de las pre-revoluciones francesa y rusa-soviética.Todo ello adobado por el imperio del ensayo y error mal manejado por las autoridades monetarias de todo el mundo, llevándose el primer premio la Reserva Federal de los Estados Unidos, que con instrumentos limitados y solapando realidades políticamente incómodas como el costo de fútiles guerras ha pretendido controlar y orientar un desbocado libertinaje mercantil e industrial.Los grandes villanos que surgen como culpables mayores del estado de cosas son el ‘lucrismo’ (ánimo de lucro desaforado e incontrolado e insensible a sus consecuencias), practicado por empresarios no TRANS-nacionales sino A-nacionales (sin patria), que convirtieron los diferenciales de modelo de desarrollo y de nivel de remuneración y de vida en factores, dizque de competitividad cuando en realidad eran manejos sucios de vanidades de primer mundo y necesidades de tercer mundo. Todo ello con el uso protervo de paraísos fiscales. También culpables han sido los diseñadores de ‘productos’ bursátiles artificiosos, responsables de las incomprensibles y nocivamente estridentes alzas y bajas que han afectado el prestigio de uno de los más importantes instrumentos de desarrollo colectivo, al punto de convertir las bolsas en blanco de multitudes (compuestas por personas que no han tenido, tienen ni tendrán una acción, pero que sufren efectos reflejos inaceptables) enardecidas pidiendo radicales intervenciones administrativas y hasta penales como las piden también para los bancos.No menos influyente ha sido en la crisis actual el exceso de gasto gubernamental en lo que parece ser un desatinado plan de desarrollo sin medición de sostenibilidad por los retornos naturales esperados de la inversión pública, con el resultado en deudas públicas y privadas impagables por no tener con qué hacerlo. Dado que la inversión (y el gasto) públicos y privados, de no estar armonizados en su propósito (retorno social y económico), así como suben juntos, se caen juntos.Quien redactó los pecados capitales dejó por fuera la insensatez y la estupidez, que complementan “de perla” los primeros siete, y la salida a la crisis está en redactar las virtudes que se les contrapongan, y ponerlas en práctica (esto último lo más difícil, pues quienes cometen estos nuevos pecados capitales también tienen el poder, dado que cometen todos los demás.

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