Industria

Julio 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

La industria está definida como un conjunto de operaciones que concurren a la transformación de materias primas o productos primarios para agregarles utilidad y por ende valor. No se aplica, como comúnmente se cree, solamente a materias primas ‘pesadas’ como los metales, sino también a cualquier bien natural susceptible de ser procesado para optimizar su uso en beneficio del hombre, como es el caso del secado de frutas, carne o pescado en tiempos antiguos, antes de que otras formas de conservación se hubiesen desarrollado, como el enlatado o la refrigeración. Principio hoy aplicable a cosechas y crías varias. Asimismo, fue industria el moldeo de barro y afines para la fabricación de los envases para guardar productos y transportarlos como lo es hoy la industria del empaque. De hecho, la palabra industria proviene del latín y significa trabajo, que evolucionó hacia la descripción de las personas trabajadoras como personas ‘industriosas’, productoras y generadoras de aumento (crecimiento).No es cierto que Colombia haya estado ajena a la industria en sus formas más primitivas, pues los aborígenes pre coloniales producían artesanías de diversa utilidad, y durante la Colonia se desarrollaron industrias artesanales, sin llegar todo ello, sin embargo, a igualarse a los desenvolvimientos en magnitud y tecnología de otros países.Nuestro interés en la industria se energizó luego de la Segunda Guerra Mundial, durante la cual la intensa dedicación de los países desarrollados a abastecer sus aparatos bélicos creó una escasez de productos de avanzada, y fue así como luego de la guerra, en la década de 1950, se siguió el consejo de la Cepal y se impuso el modelo de industrialización forzada a través de la sustitución de importaciones por medio del control aduanal. Ello condujo a la creación de industrias de sustitución de importaciones, con alto componente comercial, pero, la falta de una verdadera política de industrialización con metas y objetivos de largo plazo hizo que Colombia se llenara de semi industrias explotando un mercado cautivo y pobre sin una agenda de modernización acorde con los acelerados desenvolvimientos que caracterizaron el mundo competitivo de las décadas de los 1970 y 1980, y así, cuando esta realidad se hizo inocultable, Colombia entró en una apertura mal hecha, que lo que hizo, y sigue haciendo, fue destruir las empresas más que darles la oportunidad y los medios para adaptarse, cosa en la cual puede haber influido el hecho incontrovertible de que Colombia nunca ha tenido dirigiendo su industrialización a un ministerio de industria, como sí lo tienen otros países, regentado por personas conocedoras de qué es industria, cómo se le debe ayudar a crecer y tecnificarse, y cuál es su papel en el desarrollo diversificado y complementado y del valor agregado de país.Ahora se habla con angustia de una desindustrialización del país, nombre con el cual se pretende describir el cierre de empresas existentes y el temor de empresarios a comprometerse en nuevas, y su efecto inmediato: la destrucción del empleo en el sector en el cual se puede generar e irrigar el mayor valor agregado, reconocido como el verdadero impulsador del crecimiento de la economía productiva de un país por economías como la norteamericana y europea.Colombia necesita un escenario instrumental especializado y focalizado (no mixto) como un Ministerio de Industria que reemplace una miríada de entidades promotoras de la competitividad y la productividad cuya sola buena voluntad no alcanza el nivel de autoridad y la precisión de conocimiento de lo que se está haciendo, comparado con lo que se debe hacer, que se requiere para diseñar con el sector empresarial una política pública de industrialización.

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