Hablar bien y actuar bien

Julio 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Buena la campaña de El País, con el acompañamiento de varias empresas de la ciudad, para inducir un lenguaje favorable en la noticia y en la expresión de la opinión pública de Cali en aras del prestigio de la ciudad.A nadie le gusta que cuando diga o se diga que es de Cali le hagan comentarios o caras demeritantes, pues ello hiere el honor de patria chica. Peor cuando las expresiones provienen de caleños mismos. De hecho, a muchos personajes de la historia se les conoce y distingue por su nombre añadido por su gentilicio como homenaje a su lugar de nacimiento o de origen de su familia, o sitio en el cual adelantaron el trabajo que les dio su prestigio. Un reconocimiento a su patria chica que la pone en el mapa de dignidades.Paralelamente, nadie desea ir de paseo o a establecerse en una ciudad de la cual se le hable mal.Infortunadamente Cali, como otras ciudades, pues no somos el único conglomerado con tendencia al pecado, ha visto su nombre manchado por actuaciones indebidas de algunos de sus habitantes que, combinadas con el defecto de la generalización, manchan a todos. También los desbordamientos escandalosamente notorios de su problemática desacreditan nuestra capacidad de administración.Y, si bien las campañas para hacer ver lo bueno de la ciudad y de sus habitantes (que son los que hacen o deshacen con el nombre de ella) tienen indudablemente un efecto positivo, ello no se logra solamente “diciendo” sino “haciendo” y hasta la mas dedicada campaña se puede ver empañada por noticias de “mal hacer” que tienen la malhadada característica de correr con mas velocidad y alcance que las del “buen hacer”.La inducción del buen hablar de la ciudad y de sus gentes, que están ligadas, no es trabajo de un día o de coyuntura. Es toda una campaña de culturización de la ciudad, o sea de imprimir en ella y su población un buen modo de ser y de hacer permanente. Así, la campaña no debe ser solamente orientada a lograr que las gentes, propias o extrañas, hablen bien de Cali sino que toda Cali, unida alrededor de un objetivo de honor de patria chica, actúe bien y no dé motivo, fuera del originado en el inescapable morbo y envidia naturales de los siete pecados capitales, para que la ciudad sea criticada, con demérito de su posicionamiento en la sociedad abierta nacional e internacional.Todos los ejemplos que el mundo nos puede mostrar de ciudades que, habiendo caído en desgracia urbana y poblacional con severo demérito, han recuperado su dinámica y prestigio, se fundamentaron en la construcción de una causa común citadina, un futuro equitativamnte compartido y motivante, que se convierte en un atractivo bien hablar, pues hay algo bueno para todos de qué hablar. No se trata de eliminar la rivalidad entre liderazgos citadinos, que es natural en la competencia de la dinámica participativa de ciudad; o inhibir el derecho a la libre expresión crítica (de “criterio”, esencia del pensamiento), importante elemento correctivo; o de crear mantos de encubrimiento sobre lo malo. Las ciudades que han creado la causa común no lo han hecho sacrificando el “derecho ciudadano”, cuya presencia cortés y ponderada en los espacios de opinión es parte del buen hablar, que tiene tanto de corregir como de alabar.

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