Estamos o no en crisis

Julio 16, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

El mundo está hace ya dos años en un yoyo mediático consistente en los altibajos noticiosos respecto a si hay crisis o no la hay; en qué consiste, para empezar; si estamos saliendo de ella o no; si se está haciendo lo correcto o no; quién tiene la culpa y quién está saliendo favorecido o no con las medidas que se están tomando y si los gobiernos al actuar lo están haciendo honestamente o sesgados por algún interés o influencia. Una reedición del simbolismo bíblico de la confusión de lenguas de la Torre de Babel.El escenario colombiano no es ajeno al mundial. El gobierno se enreda en sus apreciaciones respecto, al principio, si la crisis nos iba a afectar, luego si nos afectó, y según conveniencia, cómo. A veces se dice que no nos afectó, pero cuando se trata de explicar fenómenos de alto impacto anímico como el desempleo y el subempleo, resulta que sí. Se dice que la interrupción del flujo comercial con Venezuela no nos afectó y que ya fue reemplazado por el flujo hacia otros países, pero también en el caso del desempleo se dice que ello se debe a tal interrupción.Este vaivén no hace sino introducirle al país una mayor incertidumbre, reacción natural del ser humano cuando comienza a creer que le están mintiendo, y es claro ya que lo más importante para afrontar una crisis es informarla en su real dimensión y así preparar a la gente para su manejo. Claro está, con el acompañamiento de acciones creíbles orientadas a resolverla.La Unión Soviética tenía dos instrumentos de comunicación social: el periódico Izvestia, que significa ‘noticia’ y Pravda, que significa ‘información’, dualidad que se fundamentaba en el principio de que la impactante noticia no es información y la reposada información no es noticia. Si bien en el escenario de control del pensamiento que había en la Urss, Pravda servía al gobierno para moldear a su amaño la opinión respecto a la noticia, en las sociedades democráticas, como se supone es la colombiana, los dos aspectos conservan su papel, excepto que en muchos casos la noticia se presenta adornada por dramatismos de interpretación que confunden a las gentes, invadiendo y restándole espacio a las personas que con interpretaciones reposadas analizan los acontecimientos y aportan sus criterios al conocimiento de la situación. La construcción de opinión pública es uno de los más importantes elementos de la educación para la vida en sociedad. La formación de criterio ciudadano para el análisis de los acontecimientos pasados, y con ello aprender a prever los futuros es la esencia de una ciudadanía capaz de moldear su destino.Pero mucho más importante es que la opinión pública, que no significa que todos piensen igual sino que todos piensen y, por medio de la controversia depuren el pensamiento público de falacias e impongan las realidades, llegue a ser un ariete político suficientemente fuerte como para exigir la corrección de errores y la rectificación de tendencias equivocadas o sesgadas que se pretenden tapar con el vaivén mediático, que muchas veces obedece al interés de culpables por evadir su culpa, y de responsables por corregir para pasar agachados mientras el problema se resuelve o evoluciona solo, sin importar a costa o beneficio de quienes.Los líderes que a través de la historia han logrado aglutinar un gran respaldo poblacional para el manejo de las crisis, lo primero que han hecho es reconocerlas sin ambages, identificarlas en forma y dimensión, e involucrarse a fondo para direccionar los esfuerzos colectivos para sobreponerse a ella. Los líderes que ocultan o enmascaran las crisis desconocen al juez insobornable de la historia, que decide basado en el expediente de los resultados.

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