Elecciones territoriales

Agosto 11, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

La propuesta del Gobierno Nacional de unificar las elecciones de presidente, gobernadores y alcaldes y los períodos de sus mandatos para coordinarlos mejor (¿?) solo comprueba que Colombia tiene el premio Nobel en dar un paso para adelante para luego dar dos para atrás.Antes el pueblo colombiano elegía por voto popular al Presidente de la República y al Congreso. Elegido el presidente nombraba a los gobernadores de los Departamentos y éstos a su vez a los alcaldes. Y aunque los ciudadanos podían elegir a los diputados de las Asambleas Departamentales y a los Concejales municipales, era una democracia a medias.En esos tiempos los departamentos y los municipios eran de poca dinámica administrativa, y por ello el sistema ejecutivo centralizado era tolerado.Con el paso del tiempo el aumento poblacional hizo que el sistema ejecutivo centralizado perdiera su eficiencia y equilibrio de la cosa pública, y fue así como se creó la elección por votación popular de los gobernadores y alcaldes, mecanismo ideal para que cada región se manejara de acuerdo a su tipicidad y su capacidad de generar desarrollo.Los departamentos eran colocaderos de políticos con cargo a los ingresos fiscales de una lotería y una licorera, que ahora con esfuerzo están dando pasos hacia una modernización administrativa y planificación integrada.Y los municipios, salvo los de magnitud relativa, siguen siendo unas cenicientas que, no pasan de ser aldeas con alcalde y Concejo, generadas por el reparto de feudos entre gamonales políticos, muchos sin capacidad de generar los recursos requeridos para el estructuramiento administrativo para mantener educación, salud y vías, y sobre todo, planificar apropiadamente el desarrollo moderno.Vino la Constitución del 91, se esperaba el milagro del tránsito de Colombia a la modernidad, “cambiando los textos pero sin cambiar al hombre”. Pretendió consolidar la descentralización, pero le concedió al gobierno nacional un excesivo protagonismo, particularmente en lo fiscal, y es así como el Presidente y sus ministros terminaron mandando en el principal instrumento de desarrollo. Vemos a gobernadores y alcaldes “autónomos” haciendo cola ante el gobierno nacional para cualquier cosa. Y al presidente yendo a los departamentos y municipios a escuchar lamentos y prometer lo que no puede cumplir.Lo que Colombia necesita no es ligar más a las administraciones con una coincidencia electoral sino cumplir quienesquiera sean los gobernantes y sus períodos de mandato, con los preceptos de la descentralización administrativa que requiere de la autonomía (cada loro en su estaca y con su propia comida).La unificación no hará sino alinear electoreramente la politiquería virreinal y restarle espontaneidad al desenvolvimiento de departamentos y municipios, haciéndoles perder lo que han avanzado en su caracterización típica.

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