El reto de Europa

Junio 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

El único y verdadero reto que tienen que atender los gobiernos de la Unión Europea es reconocer con sinceridad y valentía que su situación no permite nada diferente que afrontar la caótica realidad de que, luego de un comienzo meritorio y adornado por desenvolvimientos económicos, políticos y sociales que son ejemplo de asociatividad internacional, se cometieron errores garrafales en el proceso de realizar una utopía que la están echando por tierra. Ya se reconoce públicamente que las opciones disponibles, que se están dilapidando sin efecto, no son suficientes para resolver el problema.Millones de desempleados; millones de millones de euros perdidos; desperdicio de esfuerzos; desánimo; beligerancia y desespero; inestabilidad en los gobiernos, son la muestra innegable de un fracaso. La crónica de un desastre anunciado por avisos desdeñados. Y no tiene soluciones fáciles, significando esto que se tienen que reversar decisiones nocivas, cosa que tendrá secuelas inmediatas que, por dolorosas, lo son menos que el colapso colectivo si ello no se hace.La más importante, según surge de las noticias y análisis, es comenzar a decir la verdad sobre lo ocurrido, pues es evidente que la situación actual es consecuencia de una seguidilla y acumulación de mentiras sobre el real estado de cosas, destinadas a mantener, por parte de quienes tenían interés en ello porque se beneficiaban del desorden, las dinámicas de políticas económicas equivocadas. La falta de verdad es lo que hace que las medidas que se están tomando no produzcan los resultados esperados, agravando la incertidumbre y desconfianza en la capacidad del liderazgo, dedicado a una reunionitis de la cual no sale ninguna solución distinta a otra reunión, demostrando que los líderes no saben qué hacer, o lo saben pero no se atreven por razones cuestionables.La caída de las fronteras entre los países integrantes, que en su momento generó euforia no evaluada en su real significado social-laboral, indujo a un desplazamiento errático de un país a otro resultando en un desorden poblacional que hoy mueve a algunos a pedir que se erijan nuevamente como instrumento para evitar competencia laboral desleal, y cargas sociales no propias. Europa no maneja fácilmente desacomodos costumbristas, y menos cuando afectan el modus vivendi.El euro tiene que ser repensado, pues no puede ser la moneda igualitaria de estructuras sociales, económicas y políticas tan disímiles, entre ellas algunas cuya única salvación hoy es un regreso a monedas propias para, si es el caso, devaluarlas para ganar competitividad y venderle al mundo, generando empleo, por diferencial cambiario, que bajaría el nivel de vida de algunos núcleos poblacionales, pero les daría con qué comer, que es mejor que pasar hambre con euro, que es el escenario de austeridad con salvamento bancario y bursátil, con hundimiento social, motivo de ira poblacional y ominosos acontecimientos políticos.Pretender subir impuestos cuando no hay ingresos ni para comprar comida es una insensatez. Que las gentes se pensionen más tarde cuando no tienen empleo, cimiento del fondeo pensional, raya en estupidez. Y esto contribuye a la zozobra institucional y al rechazo.Europa aprende que a una fiesta no se invita a todo el mundo. Y recordando a un ministro del imperio austro-hungaro que decía que un buque que se recarga más allá del equilibrio de flotación, sea de oro o de basura, se hunde.A lo mejor la Europa Unida debe desunirse para salvarse, y luego, con lecciones aprendidas, volverse a unir, pero haciendo las cosas bien. Y ayudar al desarrollo de resto del mundo, de donde le vienen algunas de sus desgracias.

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