El orden electoral

Julio 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Dada la importancia que tiene para la democracia, el proceso electoral es parte fundamental del orden público, integralidad que hasta ahora se reduce a la presencia de tropa y Policía en sitios clave el día de las elecciones, seguido por las investigaciones judiciales y titulares de escándalo.Tenemos que reconocer que nuestro ordenamiento social para el ejercicio de la acción fundamental de la democracia, que es la concurrencia a votar por los candidatos a las posiciones de elección poblacional, mejor término para describirlo que popular, es incompleto y por ello sufrimos lo que sufrimos.El proceso electoral de un país no se circunscribe al día de las elecciones, adornado por el agite previo y la controversia posterior, sino que es un ejercicio permanente de cultura, que consiste en un seguimiento a los comportamientos de los elegidos con el fin de calificarlos y determinar la conveniencia de su permanencia en la palestra político social y la validez de su carrera, entendiéndose por ello su mérito para continuar mereciendo el voto, al tiempo que escuchando las nuevas opciones (no nepotistas) para su reemplazo.Para que el voto sea un derecho bien estructurado, debe no sólo significar la opción de votar sino la obligación de hacerlo. La libertad de elegir que consagra la Constitución no consiste en la opción de votar o no votar sino en la de escoger por cuál de los candidatos votar, y, de ellos no satisfacer o merecer repudio, se consolidó la figura del voto en blanco, siempre significando la no aceptación de ninguno de los candidatos, una depuración de la política, antiguamente un grito en el desierto de la apatía, ahora un grito con audiencia jurídica pues si es cuantioso, obliga a repetir las elecciones, y aún si no alcanza, es un mensaje de advertencia a la politiquería de que hay en la población capacidad de selección política, al tenor de las necesidades sentidas de la población y no de las conveniencias politiqueras de los candidatos.Así, solamente podremos decir que tenemos un orden electoral si el voto es obligatorio por ley, con sanciones por no ejercerlo, pues el vacío que deja la abstención es el espacio que le permite a los corruptos avasallar a la sociedad. Agregando la comprensión de que el voto en blanco es tan participativo como el voto por alguien, dado el potencial de depuración político social que tiene.No menos importante es la organización de los grupos que conformen las caudas que compiten por el voto. La estructuración de éstos grupos debe obedecer a un esquema razonable, que en Colombia se perdió en el tránsito de unos partidos tradicionales que fenecieron por no escuchar el tronar del galope de los caballos de la historia, que los atropellaron y los fraccionaron en un virtual desorden de pequeños intereses que cuando lo necesitan para aparentar fuerza forman coaliciones de interés fatuas, algunas de ellas sanos esfuerzos por crear partidos, pero otros simplemente contubernios para alcanzar objetivos de poder, sin que el tamaño de la suma de contubernio más contubernio signifique que alcancen a ser partidos en propiedad, y sean deleznables por efecto de coyunturas.Esta situación priva a la sociedad de tener corrientes de pensamiento político que estructuren, por medio del juego sano de la política, y decantamiento, por selección natural de las conveniencias más comunes, una sociedad con criterio, con suficiencia económica que impida la indignidad de su manipulación por la pobreza, con poder para evitar ser fraccionada por la corrupción politiquera en rebaños que eligen, por engaño o desesperanza pastores que se convierten en muchos casos en sus propios lobos. Y por complicidad de quienes no votan, en los lobos de todos.

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