El cuarto mundo

Septiembre 16, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Por mucho tiempo el mundo, considerado como un todo, ha estado dividido en tres mundos parciales: el primero conformado por los países ricos y desarrollados; el segundo, por los de desarrollo relativo y, por último, el tercer mundo, el de los pobres, subdesarrollados y hasta primitivos. Sin embargo, los sociólogos han identificado un cuarto mundo, originalmente representado por las poblaciones autóctonas de los países del primer mundo, que por razones de exclusión, por una diversidad de motivos culturales y raciales, viven en niveles muy bajos de vida, y forman estratos poco numerosos pero significativos, y que a medida que el modelo social se distorsiona más, aumentan en cantidad, proporción y en su tono de reclamo social.Pero éste fenómeno se ha ‘complejizado’ por la alta migración de los países del segundo y el tercer mundo hacia países del primero, buscando nueva vida, motivados por falencias económicas o por persecuciones políticas o religiosas, y provienen en parte de excolonias de las antiguas potencias imperiales. Muchas de éstas personas se convierten en mano de obra barata para oficios de bajo nivel de calidad y remuneración, y son aprovechados por las elites como servidumbre doméstica e industrial y comercial, esquema en el que desplazan a trabajadores autóctonos que cobran más caro y ya no quieren hacer algunas labores, en una distorsión de los patrones laborales.Estos núcleos del segundo y tercer mundo incrustados en el primero, agregados a los autóctonos marginados, se convierten en problemas de magnitud insospechada, como lo demuestran las asonadas que frecuentemente protagonizan sus integrantes, en la medida que el tratamiento que reciben copa su paciencia, o cuando la reacción viene de núcleos poblacionales autóctonos que se sienten desplazados por ellos y ven su nivel de vida frenado por la competencia de los inmigrantes, proceso estimulado por sus propias elites en trance de conservar servidumbres por su propio lucro. El caso más patético es el de Estados Unidos, en donde los inmigrantes y su asimilación a la sociedad, son motivo de disensión entre los partidos políticos, dependiendo de su grado de conveniencia en el aprovechamiento de los migrantes, sin que se queden atrás algunos países europeos. Ahora último este conflicto entre los mundos está generando actitudes extremistas, como emitir leyes de expulsión, o crear grupos de combate. Hace algún tiempo, y ante la grave prospectiva del problema, se comenzaron programas de estímulo para el retorno de inmigrantes a sus países de origen mediante programas de apoyo para que ellos pudiesen establecer un ‘modus vivendi’ propio en su patria. Pero ello no ha funcionado, sino con personas calificadas que con un capital pueden salir adelante y ayudar a desarrollar sus propios países, (Turquía, como ejemplo), demostrando que la avalancha de migrantes de países subdesarrollados tiene su origen en el gran descuido de éstos en generar desarrollo económico, social y político. El problema estriba en que ningún emigrante va a querer volver a su país de origen a menos que se solucionen las causas que lo hicieron emigrar, y es un hecho que la abismal diferencia que ‘desiguala’ a los países es un obstáculo para cualquier solución concertada de reacomodo poblacional, que no puede cimentarse en otra cosa que un nivel de vida relativamente homologado entre todos los países. Pero algo hay que hacer pues la ley de los vasos comunicantes no sólo se aplica a los líquidos, sino a las masas humanas, y como se nos está demostrando, a los sistemas económicos, y su efecto natural es una variación de los niveles comunicados. Las consecuencias pueden ser traumáticas.

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