El corte de cuentas

Julio 02, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Ya los candidatos cumplieron su papel en el proceso electoral, y uno de ellos, Juan Manuel Santos, ha sido elegido Presidente de la República. Enhorabuena.A pesar de la continuidad política que el elegido tiene con el Gobierno anterior, es imperativo, pues el país lo pide, que al cambio de Gobierno se haga un corte de cuentas real y fidedigno, pues los presidentes responden por lo que ocurra y deje de ocurrir durante su mandato y la única manera de hacerlo es con un deslinde de hechos y de consecuencias. No es secreto para nadie que en Colombia hoy no se conoce con certeza la realidad del ‘estado de cosas’ económico y social, tanto del Gobierno como de la sociedad. Cada hogar colombiano es un pequeño Dane que deduce, mediante el análisis de sus cifras reales (cuánto ingresa, cuánto egresa, y si alcanza o no para sostener un nivel de vida apropiado y mejorar el nivel de vida), eso si ingresa, pues en muchos hogares la palabra ingreso se ha ido desvaneciendo del léxico diario. Es así como la clase media colombiana sabe que está en estado de extinción. Y lo está no porque se esté volviendo más afluente económicamente. Es porque se está sumergiendo en los parámetros de la llamada clase baja. Mucho más si ello se origina en políticas de desarrollo equivocadas o, peor, amañadas. La pérdida de la clase media está reconocida por los analistas históricos como el catalizador de las revoluciones en las sociedades que han evidenciado contrastante acumulación de riqueza frente a mucha pobreza, y gran corrupción de las costumbres sociales y administrativas, tanto oficiales como poblacionales. Si los gobiernos no promueven pronto una restauración de la dinámica de la clase media, no les va a alcanzar ni un ejército de un millón de hombres para mantener el orden, y las revoluciones francesa y rusa demostraron que los soldados pueden ser parte de ellas. “Las bayonetas no sirven ni para recostarse ni para sentarse” aconsejó un estudioso de ambos eventos.Así las cosas, un gran llamado a la unión nacional es el mensaje más prometedor que ha emitido el Presidente electo, pero la unión no se puede hacer sino aglutinada por la equidad en lo más importante que tiene el ser humano: la suficiencia y dignidad del nivel de vida. Con receptividad hacia las inquietudes ciudadanas, y la atención a ellas.El sistema tributario colombiano (y el pseudo tributario, como son los servicios públicos, tasas y tarifas y costos espurios de la burocracia y la tramitología) tiene que modificarse para que no sea una exacción injusta. A la gente le toca pagar impuestos para presuntamente financiar los servicios que el Gobierno le debe prestar al tenor de las obligaciones que la Constitución le fija al Estado. La gente los paga, directa o indirectamente, pero también le toca sacar parte de su ingreso, si lo tiene, para adquirirlos en el esquema de exacción estatal, en un doble costo aberrante.Ya son muy pocos los impuestos que se tasan sobre utilidades contingentes, que el Gobierno sabe que están desapareciendo en el protervo juego de los costos nacionales, pues la mayoría son sobre patrimonios o bases fijas y aún los que quedan sobre utilidades contingentes tienen el piso de la presunción de renta como base para tributar. Es un hecho reconocido que por esta razón ha habido una gran privación popular y un gigantesco traslado de riqueza del pueblo hacia los gobiernos nacional y municipales, tristemente para el latrocinio o desperdicio de una administración pública abultada por el clientelismo, ineficiente y corrupta.Los cortes de cuentas son imperativos para determinar la validez o falacia de ciertos paradigmas, y para el rediseño de las políticas. De ahí su importancia y la de su debate público.

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