Descrédito del Poder Legislativo

Julio 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

El grotesco episodio, o maquiavélico golpe de mano, protagonizado por el Congreso con la mal llamada reforma de la Justicia trasciende el puntual escándalo que ha suscitado, pues ya rebosa la copa de la tolerancia de la ciudadanía hacia una total deformación de ese poder. Es inconcebible que 12 personas, luego de un polémico trámite trascendental, por ser reforma constitucional, en el cual participaron los legisladores y otros estamentos de la gobernabilidad nacional, se atrevieran y pudieran en un conciliábulo, más que en una sesión de conciliación, modificar en materia grave el texto de un trabajo legislativo, metiéndole aberrantes cláusulas que entronizaban para algunos casos de inmoral conveniencia la impunidad, vicio y falencia de la sociedad cuya erradicación se ha convertido en una cruzada nacional, acompañada por el ojo crítico de la comunidad internacional y por las ‘ganas’ que nos tienen la Corte Penal Internacional y entidades afines. El asunto no se zanja sólo con la caída del proyecto. Ya es hora de acometer una reforma sustancial del Poder Legislativo, que quizá la necesita más que el Judicial, revisando no sólo su composición estructural sino también la forma de acceder a sus posiciones, hoy demeritada por el caos politiquero, y la calificación de las personas para acceder a ellas; sus funciones legislativas y de control político; y su ética, estricta en razón a su poder.Es un hecho que buena parte de los males nacionales se origina en las malas leyes, quizá más que en una mala Justicia, pues ellas son las herramientas de jueces y abogados, y a buena herramienta, buen trabajo; y a mala herramienta, mal trabajo.En el argot popular se dice que en el turno de prioridades en el proceso de estructurar un mejor gobierno la primera está en reformar (o formar, pues hay que arrancar de cero) el componente legislativo de los tres poderes tradicionales, pues sus decisiones le fijan las condiciones de trabajo al Ejecutivo y al Judicial, sometidos, valga la redundancia, a lo que el Legislativo diga en el lenguaje de las leyes. Un perverso embudo, que motivó a un presidente de Estados Unidos a decir que nadie puede dormir tranquilo mientras la legislatura esté en sesión. (Lección que acaba de aprender el presidente Santos).Esta característica de principalía es la que hace imperativa la reforma del Legislativo desde sus cimientos. En el proceso de deformación de las costumbres que vivimos, el control político que el Congreso le hace al Ejecutivo, mal aplicado, se ha convertido en una compraventa facturada y pagada en forma de puestos y aprobaciones, canje que rompe el equilibrio de los poderes. Esto quedó demostrado en el tartamudeo de explicaciones luego del episodio, y en el fatídico discurso del ministro Esguerra cuando se estaba cocinando el desaguisado.También es claro que muchos congresistas no leen ni se compenetran con los textos y efectos de las leyes, posiblemente porque están distraídos en el ejercicio del poder del Poder Legislativo.Todo esto se debe a que en Colombia los tres poderes no tienen por encima de ellos el poder principal, el poblacional, perdido en la manipulación politiquera. Ojalá la indignación nos dure y surta algún efecto positivo para cambiar el pésimo Estado que tenemos, por uno mejor, cosa que tiene que pasar por correctivos en nuestras estructuras republicanas y exigencias morales en nuestras costumbres políticas y del diario devenir.

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