Del fuero militar

Agosto 07, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Colombia vive un intenso debate por las consecuencias de la intervención de las fuerzas militares en e lo que en sus orígenes se llamó guerra civil no declarada, luego desorden público, y ahora lucha contra el terrorismo. La discusión es el fuero militar, al que se acusa de ser patente de corso para cometer toda clase de atropellos.El diccionario define ‘fuero’ como un régimen jurídico especial que se le concede a determinados grupos que por su desempeño se ven obligados, en ocasiones de excepción, a acometer acciones que pueden resultar en responsabilidades judiciales graves. Este régimen no es más que un conjunto de atenuantes y exculpantes cimentados en el uso legal de la fuerza para reprimir comportamientos fuera de la ley. El fuero requiere de inequívocas definiciones de escenarios y actuaciones en que se aplicaría, para evitar que se desborde y desvirtúe su legalidad.Infortunadamente para nuestras Fuerzas Militares su escenario de actuación en este contexto no ha sido un espacio bien delimitado, en blanco y negro, sino un claro-oscuro en el cual se han mezclado bondades y maldades que tienen su origen en que han tenido que actuar en el escenario protervo de la lucha por el poder protagonizada por politiqueros, y ello ha hecho que hayan tenido que actuar sin acogerse a otra definición de fuero: el personal de la conciencia de cada uno, y al colectivo institucional de la conciencia de la Fuerza como Cuerpo.La Constitución y la Ley les prohíben a los militares participar en política. Pero en la práctica su subordinación al poder civil y su imposibilidad para ejercer el fuero de la objeción de conciencia, y la falta de una instancia jurídica de condicionamiento de su actuación a la estricta constitucionalidad y legalidad, los involucra ‘de hecho’ en la defensa del ‘statu quo’ politiquero. En este escenario los gobiernos, para quienes es difícil encontrar soluciones viables para las causas de los conflictos, llegan a veces a la irresponsabilidad de ‘criminalizar’ la protesta social, y se recuestan en la Fuerza para enfrentar sus manifestaciones, haciendo, insensible e insensatamente, que la situación tenga una permanencia desfigurante. Antiguos libros sagrados enseñan que ningún rey usará su ejército contra su pueblo, pues dejará de serlo. Esto, en lenguaje moderno, se llama pérdida de gobernabilidad, que mucho aparece en los diagnósticos de nuestra confusa situación.En un mundo con tantos lobos no se puede ser oveja y ello obliga a tener una fuerza militar para la defensa de la soberanía. Y la fuerza policial puede ser rebasada en su capacidad para enfrentar la criminalidad, que tiene la mala costumbre de robustecerse y camuflarse en los conflictos sociales. La normatividad del país tiene que estructurar esquemas para que éstas situaciones puedan ser manejadas y no destruyan la nacionalidad.

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