Del café a los minerales

Del café a los minerales

Diciembre 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Colombia no parece entender la necesidad de integrar su economía  entre los sectores que la componen para lograr un esquema de mutuo soporte contra las vicisitudes que cambian el comportamiento mercantil. Mientras el consejo es la diversificación y la proporcionalidad como principios de la sostenibilidad colectiva, Colombia se aferra a la monoexplotación.Por años dependió del café, el mejor del mundo, privilegiada fuente de divisas para comprar en el exterior, pero sujeto a altibajos de precios y volúmenes.Cuando Colombia dependía del monocultivo cafetero, el gobierno tenía un ingreso proporcional pues si bien el producto de la venta era de los cafeteros, el gobierno recibía beneficios colaterales, y como los dólares de esa exportación servían para importar bienes e insumos, y los derechos de aduana eran altos, la renta fiscal era buena, el gobierno contento y el pueblo pobre. Si bien Colombia tenía otras fuentes de divisas como oro, platino y productos agrícolas de menor volumen, el café era el soporte (recostadero) principal.Cuando en la década del 50 el país entró en la industrialización diversificada, con el modelo de sustitución de importaciones de la Cepal, para liberarnos de los altibajos del monocultivo, burlamos el propósito que era el de una protegida, y planificada en tiempos razonables, integración vertical agrícola, minera e industrial que produjera materias primas, las procesara y convirtiera en oferta mundializada, pero por la falta de continuidad para la ejecución, sustituimos una importación por otra. Así continuamos con la dependencia en el café, lo que estalló en el gobierno Lleras cuando una escasez de divisas por falta de fuentes alternas al café condujo al control de cambios, revés para la espontaneidad de nuestro desarrollo multifacético, pues dificultó el comercio exterior y estimuló  el imperio de mercados negros de todo tipo, vicios deformantes del desarrollo.La marihuana (La Mala Hierba) y la cocaína (Mi Alma se la Dejo al Diablo) acabaron de acabar con nuestra espontaneidad, y luego el carbón y el petróleo, subsuelo propiedad de la Nación (o sea de todos los colombianos) pero ‘administrados’ por el gobierno al tenor de la Ley del Embudo, le han servido a este para crear una economía fiscal aparte, desdeñando el desarrollo diversificado e integrado del país por tener una fácil fuente de sostenimiento propia. Nuevamente gobierno rico, pueblo pobre.Ahora al carbón y al petróleo les ha llegado la baja de precio, creando un hueco fiscal por ‘sustracción de materia’, en momentos en que la población, por el aumento demográfico y la reubicación geográfica, reclama fuentes de producción y empleo diversificadas e irrigadas en su territorio Esto no se arregla con reformas tributarias que ilusamente rellenen el hueco  fiscal vaciando económicamente a la población y agrandando el hueco social sino con cambios del modelo económico con crecimiento parejo que prevengan huecos fiscales y sociales.

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