Cuál Pacífico

Cuál Pacífico

Julio 23, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

En Colombia, particularmente en el Valle del Cauca, se ha creado una gran expectativa respecto al aprovechamiento del potencial que representa el crecimiento industrial y comercial de los países asiáticos que se asoman al Pacífico, y que puede ser aprovechado por un intenso comercio en doble vía.Así, nos hemos dado cuenta, después de muchos años de desdén, de que nuestra región costera que se asoma también a tal océano cobra mucha importancia, porque es por allí que las mercancías tienen paso.Si para nuestro contacto comercial con Asia-Pacífico, nuestra Colombia-Pacífico es solamente el complejo de muelles, grúas y bodegas, y nuestro interés está cifrado solamente en la franja carreteable y ferroviaria, estamos desdeñando las expectativas de la población de nuestro litoral, que espera ser algo más que una espectadora en una figurativa gradería para ver pasar la carga, con mucho temor de que, logrado el flujo mercantil Asia Pacífico, ello se quede así.Desde tiempos atrás, cuando los puertos colombianos eran descritos como el sitio en que se encuentran el hierro de los buques y el hierro de los trenes y las locomotoras, y el Terminal Marítimo de Buenaventura era el único modus vivendi de su población, se hizo evidente que nuestra zona aledaña al mar debería tener un plan de desarrollo adicional al puerto para poder ser el sustento de un nivel de vida apropiado de una numerosa población. Hace 25 años surgió el Plan de Desarrollo Integral de la Costa del Pacífico, Pladeicop, justificado por los estudios que demostraban que tal zona tenía un nivel de vida similar al de Haití, y que la única forma de hacer la hazaña de elevar el estándar económico social de ella era con un vigoroso esfuerzo de desarrollo diversificado de sus fuentes autóctonas de materias primas e insumos, su industrialización y comercialización con valor agregado.Pladeicop duerme el sueño de los justos en los anaqueles de la CVC. Los gobernadores de la época, al presentarles el plan, dijeron que tenían cosas más importantes que hacer.Ahora, con la noticia de que las regalías van a ser compartidas con zonas como la región Pacífico, surge un nuevo interés, que pudo más que la idea original del Gobierno de que la región fuera solamente la parte entre el lomo de la Cordillera Occidental y las playas del mar, para concentrar los esfuerzos en la parte más necesitada, y que logró que la beneficiaria de las regalías fuese toda la superficie de Nariño, Cauca, Valle y Chocó, montañosa o costera, ello cuando la gran queja del litoral es que cuando hubo bonanza en la montaña ella no llegó al litoral, que la montaña responde afirmando que en el litoral los esfuerzos no tienen respuesta. Pero vaya y venga si la ocasión es para hacer un acto de conciencia pública y algo se le dedica a la zona costera, que tiene grandes retos de trabajo al lado de las riquezas naturales, y que el reparto de las regalías sea un motivo de convergencia y no de divergencia. Pero lo más importante es reconocer que hay dos proyectos de vida en el Pacífico: uno, el de las lejanas tierras con las que tenemos la ilusión de hacer comercio, y el de las cercanas tierras en donde tenemos la obligación de promover un desarrollo armónico que por estar a nuestro lado nos debe importar más. Buenaventura tiene mucho que ganar con la figura de ser el puerto contacto con Asia Pacífico, que para nosotros no es el Oriente sino el Occidente (la denominación lejano oriente para referirse a India, China y Japón, nace de Marco Polo). Y ya están a la vista los desarrollos portuarios, y en la imaginación los complementarios que vienen. Pero Buenaventura, en donde núcleos importantes de interés están actuando, es el epicentro de una expansión del desarrollo, a su derredor, que será indudablemente el catalizador de su continuación al entorno siguiente.

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