Control vs. caos

Control vs. caos

Julio 01, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Quienes se imaginaron los nombres para las fuerzas en conflicto en el programa del agente 0086, acertaron cuando a las fuerzas del mal las llamaron K.A.O.S. y a las fuerzas institucionales, en las que obviamente estaba el agente 0086, llamaron K.O.N.T.R.O.L.Colombia se encuentra en una encrucijada similar, pero viviéndola en serio, y con K.A.O.S. ganándole a K.O.N.T.R.O.L., y con K.O.N.T.R.O.L. volviéndose parte de K.A.O.S.El diccionario define ‘caos’ como la conformación primitiva de los elementos del universo, y lo asimila a desorden. El término ‘control’ se asocia con inspección, comprobación, examen, crítica, dominio sobre las cosas y las circunstancias, direccionamiento. (En concreto, orden).La Constitución Nacional, a su vez, concreta unos principios por los cuales se debe regir una sociedad organizada, y al darle una conformación jurídica a los elementos del universo social de nuestro país excluye el caos. Y crea los organismos de control para evitar y de ser necesario erradicarlo mediante la juridicidad, la gobernabilidad y la funcionalidad.Sin embargo, de un tiempo para acá Colombia se ha visto arrollada por un caos de comportamiento, en el cual la ladronería, tipificada en los códigos o mimetizada en un costumbrismo que va deformando los códigos con sutilezas de redacción e interpretación, funcionarios públicos y administradores privados, en contubernio, se apropian en su beneficio dineros de la sociedad (el común) ya con un descaro rayano en desvergüenza.A diario se ve cómo grupos de interés, manidos con poder público o aprovechando instituciones que manejan a su amaño, cargan con sobrecostos algunos gastos o inversiones o desfalcan los dineros del común, en provecho propio, comprando complicidades.Y esto a la vista de los organismos de control creados por la Constitución y su extensión, las leyes, para evitarlo o castigarlo, dando la impresión de total incapacidad, o, peor, de parcial incapacidad generada por autoimpedimentos o sesgos causados por el peor defecto de nuestra institucionalidad, cual es que los controladores sean nombrados o elegidos por aquellos que nombran a su vez a los funcionarios que los organismos deben controlar, creando un grave conflicto de interés y de lealtad funcional. Veamos: el Procurador, que por definición representa al pueblo en el cuidado de cómo los funcionarios de gobierno manejan los bienes y los procesos administrativos, no es elegido por el pueblo sino por personas que desde altas posiciones colocan o influyen en la colocación o elección de los funcionarios a vigilar. Hay un Defensor del Pueblo, tampoco elegido por el pueblo, sino por personas que influyen en nombramientos de funcionarios que atropellan o dejan atropellar al pueblo.El Contralor se supone que inspecciona, examina, comprueba, analiza críticamente lo que los funcionarios hacen, en defensa de los dineros públicos. Pero también es nombrado por los que a su vez nombran o influyen en el nombramiento de las personas a vigilar. Y así con las Personerías, y las otras ‘ías’ que están para que no ocurra lo que está ocurriendo.Si el gobierno y la sociedad quieren poner orden tienen que hacer causa común para modificar aspectos del nombramiento y funcionamiento de los organismos de control. Lo que tenemos no está funcionando a cabalidad, con un alto costo en términos del bolsillo poblacional, pues lo que el gobierno roba o deja robar, el pueblo lo ha de pagar; y de moral pública, pues afecta a ésta última que alguien robe o desfalque el dinero del común. Lo que se lleva por delante la autoridad moral del Estado, único real freno para el imperio del caos.

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