Conflicto en la aldea global

Noviembre 19, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Cuando hace algunos años se forjaron grandes expectativas en el mundo por el proceso de globalización de la economía, con la figura subliminal de que el planeta ya era una ‘aldea global’ y que todos éramos vecinos y compartíamos un destino social común, no se tuvieron en cuenta algunos pragmatismos que han hecho que una ilusión manejada en foros académicos por ‘gurúes’ (palabra que significa brujo, en su concepción de adivinador) se haya convertido en un conflicto a punto de estallar, como lo demuestran las noticias de amenazas de guerra comercial, casi siempre, demostrado por la historia, la antesala de la guerra total.Al querer cobijar con los mismos paradigmas economías sociales tan disímiles, se cometió el error de no prever mecanismos viables de homologación paulatina y su orientación hacia compartir objetivos.Cada vez es más claro que la gran crisis que el mundo está viviendo tuvo su origen en el desorden industrial y comercial en que incurrieron los países dentro del imperio de la competencia desleal en todos los campos, vicio de mucho tiempo pero exacerbado por el interés de países en vía de industrialización por realizar grandes y rápidas metas (China e India los principales ejemplos), y la gula de industrias sin patria que se regaron a hacerle competencia a su propia masa trabajadora. Y además, a manipular el mercado cambiario y los paraísos fiscales para enriquecimientos claramente ilícitos en comparación al efecto que estaban produciendo en muchos países.La ley de los vasos comunicantes, aplicada en la física y en la economía, demuestra que los niveles de vida contrastantes, cuando tienden a nivelarse, no lo hacen solamente de subida sino también de bajada. Así las cosas el espacio que algunos países fueron ganando en nivel de vida y producción lo fueron perdiendo los que estaban arriba, dado que se olvidó la inexorable realidad de que el tamaño de las porciones al repartir una torta depende del tamaño de la torta y también del número de comensales. En la globalización se aumentó el número de comensales pero no el tamaño de la torta, pues los índices de crecimiento, una de las falacias en la medición de la economía social, no registró este fenómeno hasta que la crisis estalló, por una combinación de los pecados del capital, y de vicios y prevenciones políticas internacionales.La globalización mal manejada, en vez de acomodar al mundo, lo desacomodó, y lo va a seguir desacomodando a medida que más países quieren tener una mayor porción de la torta y los que la tienen no quieren ceder su parte, y, peor aún, no se ha encontrado la manera de agrandar la torta.Lo que sorprende es que esta experiencia se ha vivido antes y no ha sido aprendida su lección. Cuando los Estados Unidos pusieron su mercado al servicio de la guerra fría y abrieron importaciones de países aliados, su empleo se deterioró y su población reaccionó contra ellas (“si su auto es japonés, parquéelo en Tokio” decía un aviso en un parqueadero en Detroit). Cuando la Unión Europea abrazó a los países del Este y a su más barata masa laboral que emigró luego de la ‘caída del muro’, más de algún afectado propuso reconstruir el muro. Y la gran masa migratoria de los países subdesarrollados a los desarrollados ya es vista como un rebosadero inaceptable (hipócrita postura pues a unos favorece y a otros no, según se beneficien o afecten por la mano de obra barata y humillada por legislación restrictiva).La solución del problema no es fácil y requiere que los ‘gurúes’ que siguen influyendo en el mundo dejen de ser adivinos e ilusionistas, y acierten pragmáticamente. Y que los gobiernos actúen con sinceridad y no influidos por protervos grupos de presión.

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