Condiciones al TLC

Mayo 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Mucho revuelo han causado los condicionamientos que en materia de legislación laboral ha puesto el gobierno de los Estados Unidos a Colombia para avanzar en el proceso de aprobación del Tratado de Libre Comercio que se comenzó a tramitar hace cinco años.El oportunismo y la politiquería con el que el Gobierno colombiano ha manejado el asunto nos han distraído de hacer análisis pragmáticos para entender su trasfondo.El trabajador norteamericano ha construido, dentro de un marco empresarial dinámico e innovador, de la mano con un ‘unionismo’ (aquí sindicalismo) también muy agresivo, con el común denominador-objetivo de una eficiencia y eficacia muy altas, un nivel de vida que es el mayor del mundo en cuantía y cobertura. La relación de Estados Unidos con otros países de similar nivel, como los europeos, no ha sido traumático, pues en tal relación se cumple la norma básica de negocio entre equivalentes.Pero este nivel de vida (el ‘american way of life’) se ha visto amenazado por el interés de países de menor nivel de desarrollo en utilizar el mercado norteamericano, de gran poder adquisitivo, como jalonador de sus economías deprimidas, muchas veces en competencia desleal en materia de salarios y calidades (disfrazados de competitividad), relevándose ladinamente del verdadero trabajo de promover su propio desarrollo integral y equilibrado, cosa que los obligaría a renunciar a esquemas sociales y económicos privilegiados para sus clases dirigentes.El mismo trabajador norteamericano ha caído en la trampa al sucumbir a la tentación de comprar lo barato para estirar el rendimiento de su ingreso, y los empresarios norteamericanos también han jugado sucio instalándose en países subdesarrollados para lucrarse con el juego de vender más barato en competencia con lo más caro, pero ganando más para colocar las utilidades en paraísos fiscales (maniobra que quedó desenmascarada durante la crisis de hace tres años y provocó medidas contra tales paraísos).Es este escenario la reacción de los trabajadores norteamericanos ha sido la de defender sus puestos de trabajo, utilizando el poder de sus uniones laborales.Ya hace algunos años los países de alto nivel de vida propusieron imponer un arancel de aduanas de compensación, en la cuantía del diferencial entre salarios norteamericanos y salarios de los países de origen, para evitar que la explotación de los trabajadores de estos últimos le bajara el sueldo a los de los desarrollados o, peor aún, que los dejara sin empleo.Si bien este esquema no prosperó por ser muy complicado ponerlo en práctica, sí generó una mentalidad de defensa. Y la crisis reciente, rayana en depresión, exacerbó los ánimos, traduciéndose en presiones para evitar que el mundo pobre siguiera viviendo del mundo rico, y, peor aún, quedándose pobre, haciendo que no se convirtiera en el mercado afluente que necesitan los países ricos para venderles a los pobres. Es incomprensible que los economistas que manejan estas cosas no entiendan que no puede haber progreso en una vía, sino que lo tiene que ser en doble vía, y respetando el efecto natural de la ley de vasos comunicantes. Los Tratados de Libre Comercio son, como su nombre lo indica, comerciales. Y la medida de su éxito, negocios y utilidades en ambos participantes. Es ingenuo que Colombia piense que porque es el mejor aliado de EE.UU. en cuestiones como lucha contra el terrorismo y el narcotráfico EE.UU. le va a conceder ventajas sin proteger su población trabajadora, so pena de tener que hacerse cargo del desempleo resultante, con ingentes costos dinerarios y políticos.

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