A quién "se deben los ministros"

Agosto 30, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Cada vez que el Presidente de la República estructura su gabinete ministerial saltan protestas de grupos políticos y de regiones diciendo que no se sienten representados, hablando inclusive de un “mal reparto”.El mismo Presidente alimenta reacciones al decir que lo hace cuidando la representación política y territorial, y que escoge a los mejores. Provocando comentarios que descalifican la idoneidad o capacidad de los nombrados.Cabe aquí  hacer algunas reflexiones sobre la representación de los ministros, equipo de trabajo de las cabezas de gobierno.Lo primero es aclarar que en sano gobierno los ministros forman un equipo en el cual el soberano deposita su confianza y que su desempeño corresponde a toda la población. Son las personas que van a ayudar al soberano a gobernar a todo el país, aunque es válido afirmar que lo harán con la brújula política que imponga el presidente, no pueden hacerlo en desdén de ninguno de los habitantes dentro del criterio del bien común y la igualdad de derechos.Tampoco los ministros pueden imponer las prioridades de  su región, pues si así lo fuera debería haber un ministro por cada una, que tampoco podría hacer de todo.Esto nos lleva al tema de qué son los ministros y cuál es su función.Lo primero es que no pueden ser mandaderos de ningún interés individual ante el presidente ni instrumentos de influencias ventajistas, inhibición que tiende regularmente a romperse por el cruce natural de las influencias y favores en doble vía que surgen en las campañas electorales.  Es cierto que los ministros tienen que entrar en contacto con los ciudadanos para mantenerse informados de los desenvolvimientos que son materia de su atención. Si no lo hacen pecan y eso conduce a equivocaciones de proceder, queja constante de la ciudadanía y desprestigio de la imagen ministerial. Pero esto debe hacerse dentro de un bien diseñado marco de consulta, particularmente cuando el “ramo” cubre sectores que pueden estar por naturaleza de sus legítimos intereses en controversia y hasta conflicto, como el caso del trabajo, que maneja intereses de empleadores y empleados, en el cual el ministro no está para mirar al país como un todo funcional.No deja de ser cierto que el “amigo ministro” puede ayudar de buena fe y en forma racional a orientar las muchas veces desorientadas ambiciones de sus correligionarios políticos o paisanos. Pero nunca desatendiendo a otros intereses legítimos cayendo en el grosero acaparamiento para su grupo de interés de las prebendas y canonjías de su ramo, prestándole flaco servicio al prestigio ministerial. En concreto, los ministros “se deben” al presidente que confió en ellos y al pueblo en general, receptor de sus aciertos y sufridor de sus errores.

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