A pagar el daño

Noviembre 19, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

El viaje que hizo el presidente Santos a Europa con el fin de recoger apoyos políticos para el proceso de La Habana, y económicos para financiar el futuro escenario de la paz, que resultó rico en apoyos políticos pero muy pobre en los económicos, nos muestra claramente que Colombia tiene que resolver por sí misma y con sus propias capacidades de generación de recursos tantos años de daño emergente acumulado sin tregua causado por los efectos destructivos materiales y sociales y, hay que decirlo, morales, nacidos de la guerra interna.Es más fácil y barato dañar algo que arreglarlo. Y esta figura ha pasado inadvertida en Colombia durante los años en que el conflicto ha causado inmensos daños de toda naturaleza, algunos que han tenido que ser arreglados de inmediato por su efecto sobre la funcionalidad, pero otros que se han quedado acumulados y aumentando en el limbo de la indiferencia, o de la insolidaridad, y que hoy sacan la cabeza, y claman por soluciones, ya más costosas. Peor aún, hemos tenido episodios en los cuales el remedio que se ha utilizado ha sido peor que el mal, porque nos hemos equivocado en el diagnóstico del verdadero mal, o nos ha dado miedo aplicar oportunamente los debidos remedios, complicando y agrandando el problema.Ahora, cuando ya se hace el inventario de daños nos damos cuenta de lo grave que ha sido desdeñar el efecto colateral del conflicto, y se busca quien nos financie el arreglo de la casa. Esto no lo vamos a encontrar, pues nadie nos va a dar o prestar plata, mucho menos con la fama de corrupción que nos adorna.En un buen análisis de las cosas que ocurrieron y cómo y por qué, es claro que Estados Unidos, sus aliados en la guerra fría, y Rusia y China, deberían recibir una cuenta de cobro de todo el mundo por los perjuicios que causaron cuando, ante la realidad de que no podían ir a una guerra nuclear caliente, que los destruiría varias veces, escogieron la práctica estúpida de dividir al mundo en alianzas y contraalianzas llamada la guerra fría que fueron la esencia o accesorio de varios conflictos internos, entre ellos el colombiano.Pero como ya es claro que lo que el mundo quiere es no volver a oír del conflicto colombiano, y de ahí el apoyo político a su posible terminación, pero con muy pocas perspectivas de que aporte dinero, el arreglo de la casa va a correr por nuestra cuenta.Y es aquí donde entra nuestra capacidad para lograr ese arreglo, siguiendo ejemplos que ya el mundo nos ha dado, principalmente el que pusieron en práctica los países europeos luego del fin de la segunda guerra, que consistió esencialmente en una dedicación total al fortalecimiento de la economía productiva, como lo hicieron también países asiáticos como Vietnam, que de ruinas mucho más terribles que las que evidenciamos aquí, dieron pasos acelerados para su reconstrucción metodológica con valor agregado que hoy son ejemplo para el mundo, y competencia para nosotros.Solamente del producto interno bruto, estimulado por un plan de desarrollo bien diseñado, originado por la producción de la población intensamente ocupada y remunerada apropiadamente, para nutrir el poder de compra y de inversión pueden salir los recursos para la reconstrucción de la sociedad hoy en riesgo de destrucción por ser socia de nada. El gobierno no puede siquiera pensar que va a ser el reconstructor del país si no involucra a la población como actor principal, y proveyéndola de las debidas herramientas.

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