1914

1914

Febrero 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

El año 1914 es recordado porque el príncipe Francisco Fernando de Austria, heredero del trono del Imperio Austro Húngaro, fue muerto a tiros en Sarajevo, Bosnia-Herzegovina, por el grupo Mlada Bosna, azuzado por La Mano Negra Yugoslava, dirigida por el coronel Dragutin Dimitrievicz. El emperador Francisco José de Austria respondió declarando la guerra a Serbia, lo que provocó una reacción en cadena creándose bandos de países que protagonizaron una de las grandes matanzas de la historia: la Gran Guerra. (A ella se unió el sultán de Turquía, razón por la cual mi padre tuvo que pasar los años 1915, 1916 y 1917 en el frente de batalla turco-ruso en la región del Monte Ararat, frontera entre los dos países).En 1918, luego de que 50.000 millones de disparos y choques de bayonetas habían matado a 10 millones de hombres en batalla, y 10 millones más habían sido destrozados por dos millones de toneladas de explosivos, más 1,3 millones habían sido quemados por 113.000 toneladas de gas mostaza, cesaron las batallas. El sultán de Turquía, el Zar de Rusia, el Emperador de Austria, el Kaiser de Alemania perdieron sus tronos. De las monarquías sobrevivientes la mayoría se fueron desmoronando como la italiana. La portuguesa había caído en 1905 en una revolución premonitora. Y a la española de Alfonso XIII le temblaban los andamios. Habiendo tenido ocasión de ir a Yugoslavia conocí Sarajevo, ciudad multifacética (turca, griega, serbia, gitana) y fui a ‘la esquina’ sitio en donde el auto del príncipe se atascó en un trancón, en medio de una ceremonia citadina que se salió de manos, dándole chance a Gavrilo Princip para dispararle, llevándose de contera a su consorte, la condesa Sofia, que recibió los tiros que iban al general Potiorek. Allí hay un edificio ‘memorial’ en el cual hay una documentación escrita y pictórica con museo, que detalla cómo los acontecimientos de 1914 se fraguaron desde 1885, cuando grupos políticamente dinámicos se declararon hartos del dominio de las “noblezas reales” y decidieron utilizar la más ingeniosa arma para romper su poder: dividirlas manejando sus desconfianzas, ambiciones, corrupciones e hipócritas uniones matrimoniales.Aprovecharon del descontento de pueblos empobrecidos y explotados, humillados por jerarquías reales y pseudoreales y una gran cantidad de ira resultante. Dos de los monarcas de la guerra, el Zar de Rusia y el Sultán de Turquía fueron derrocados por sus propios ejércitos en revolución (la comunista y la de Attaturk, respectivamente) antes de que la guerra terminara.El estudio de los hechos que llevaron a la explosión de la guerra es aleccionante pues moldearon en mucho el mundo de hoy en lo bueno, regular y malo. El tema amerita ser tratado este año de la centuria, pues de pronto estamos viviendo episodios similares a los de 1885, ajustados a nuestro tiempo.

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