¿Un mundo sin Merkel?

¿Un mundo sin Merkel?

Noviembre 24, 2017 - 11:40 p.m. Por: Muni Jensen

Parece impensable. El gobierno de Angela Merkel, la canciller alemana que desde hace más de una década encabeza las listas de los personajes más poderosos e influyentes del mundo, en riesgo de caer. La dueña del timón de Europa, elegida en septiembre para un cuarto mandato, no ha logrado formar una coalición para gobernar. En un país acostumbrado a la cultura del consenso, el colapso de sus conversaciones con tres partidos diferentes, y la ausencia de una mayoría legislativa amenaza con frenar su agenda. Merkel ha afirmado que prefiere llamar a elecciones en vez de mantener un gobierno inestable. Y así, sin avisar, se asomó la crisis política al país más estable de Europa, y de repente brotaron dentro y fuera de Alemania los obituarios políticos de la poderosa gobernante, que recordaban que es la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que no se puede ‘armar gobierno’ tras unas elecciones.

Aún es posible que Angela Merkel, siempre aguantadora, utilice sus habilidades legendarias de negociación y se mantenga en el poder mediante una alianza con el Partido Demócrata Cristiano (SPD). Pero para muchos la canciller ya cumplió su ciclo. Sus detractores la culpan de haber sido demasiado laxa con los refugiados, y de poner en riesgo la economía alemana con su política de puertas abiertas. Otros aseguran que la estabilidad de Europa ha dependido históricamente de un equilibrio de poderes, y que la influencia creciente de Alemania ha puesto en peligro esta balanza. Se le critica su devoción al orden y a la burocracia europea, y su falta de visión de futuro. También la responsabilizan del surgimiento de partidos de extrema derecha como el xenófobo Alternativa para Alemania. Y mientras los jóvenes de ese país sueñan con un terremoto político, los ingleses parecen particularmente ilusionados ante la idea de una Merkel débil, porque consideran así se mejoraría la capacidad negociadora británica frente al Brexit.

En cambio, las voces de centro no conciben su salida. Aseguran que el fin de la era Merkel dejaría un vacío de liderazgo y estabilidad, que difícilmente sostendría el egocéntrico Macrón, y que una alianza francoespañola, con un Rajoy aguantador pero sin carisma, sería insuficiente para sostener la eurozona. Surge la pregunta, no tanto sobre ‘qué seguiría para Alemania’, sino para el mundo occidental. Las élites europeas están descorazonadas, ya que veían viable un resurgir de la Unión con un Euro fuerte, grandes ilusiones de cooperación en defensa, y planes de reforma para la región. Ya crecen los temores de una Rusia empoderada sin la infuencia de Merkel que la contenga con sanciones y advertencias. Vista así, Europa se convierte en un regalo para Putin, y en una amenaza global.

Pero es pronto para entrar en pánico. Las opciones no son tan graves. O bien Merkel logra negociar con los Demócratas Cristianos, o se vería forzada a gobernar con su partido en minoría, lo cual es extraño en Alemania y muy común en otros países. Es posible incluso que salga del poder, que después de 12 años al mando, tampoco es tan insólito. La puerta del populismo ya está abierta, pero ni la formidable Marine Le Pen en las recientes elecciones francesas alcanzó un 35%. Es muy posible que, en un mundo pos-Merkel el Euro siga, la Unión Europea se mantenga en pie, el Brexit avance, como el debate sobre los refugiados, y que en la política exterior continúe como amenaza Vladimir Putin. Un mundo sin Merkel no significa el fin del liberalismo Occidental, ni creará un desierto de liderazgo, ni una catástrofe mundial. Puede incluso ser un síntoma de cambio de generación, un llamado a oxigenar la política, a acordarse de la desigualdad, y representar un campanazo de alerta ante la fuerza y el alcance del descontento global.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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