R.I.P. Republicanos

Julio 23, 2016 - 12:00 a.m. Por: Muni Jensen

La recta final de la campaña electoral de Estados Unidos empieza la próxima semana, cuando concluyan las convenciones de ambos partidos. Pero uno de ellos, el Republicano, acaba de firmar en Cleveland (Ohio) su acta de defunción al coronar a Donald Trump. Las convenciones de partido, que no dejan de tener un aire de circo, existen desde 1854 y se celebran cada cuatro años. Tienen un doble objetivo: elegir un candidato para presidente y aprobar la llamada ‘plataforma’ del partido. Esta última consta de una serie de principios, objetivos y reglamentos que se aprueban como hoja de ruta sin definir exactamente el presupuesto que requieren. (Entre otros asuntos, esta semana se aprobó, sin saber quién paga y como parte del menú republicano, la construcción del famoso muro entre México y Estados Unidos).A estos foros de una semana asisten los candidatos, por supuesto, pero también miles de periodistas, delegados, grupos de interés, curiosos, lobistas y políticos locales, y el plato fuerte de cada día son los discursos de las famosas figuras principales de cada partido, que atrapan el interés y la curiosidad dentro y fuera del país. Este año, se dice que 15.000 periodistas del mundo entero asistieron a la nominación de Donald Trump como candidato republicano. Todos ellos y mucha gente más pudieron escuchar de primera mano cómo Melania Trump, la flamante esposa eslovena del candidato, pronunció vestida de blanco un discurso plagiado de Michelle Obama. También fueron testigos de la sorpresa en las caras del público cuando el senador y excandidato Ted Cruz, uno de los conservadores más conocidos, se negó a dar su respaldo a Trump, y de la silbatina que se armó como consecuencia. Vieron al propio Trump salir como un cantante de rock de entre una humareda de hielo seco a inaugurar el evento y se aterraron con los vestidos escotados de la famosa periodista de la cadena Fox Megyn Kelly.Pero la convención republicana, con todo su color, ocultó por cuatro días una verdad ineludible: el partido de Abraham Lincoln, Teodoro Roosevelt y Ronald Reagan, está a punto de desaparecer. Ha sido secuestrado no sólo por un millonario constructor y presentador de realities, sino por evangélicos que niegan la ciencia, por portadores y defensores de las armas de asalto, por carismáticos incendiarios contra los inmigrantes y por enemigos del progreso. Y los republicanos tradicionales, los apóstoles del gobierno pequeño y los impuestos bajos, del orden, de la fuerza y el libre comercio, están escondidos, con la cabeza entre la arena. Los dos expresidentes republicanos vivos, George H. W. Bush y George W. Bush, ni siquiera viajaron a Cleveland. El excandidato Mitt Romney se quedó en Wolfeboro (New Hampshire), a 1.200 kilómetros de distancia, con tal de no enfrentar la prensa ni la realidad. Jeb Bush, exrival de Trump, está en Florida tuiteando sobre la situación en Venezuela. Y aunque ninguno ha dado expresamente su apoyo a Hillary Clinton, el rotundo silencio que los rodea tiene el tufo del miedo, la resignación, y el desespero.Mucho se habla de la ruptura del partido. De la necesidad de un período de reflexión. De división e insurgencia. De una reconstrucción de las bases y los principios de sus fundadores. Pero la verdad es que, si el único que se atrevió públicamente a no abrazar a Trump fue el senador tejano Ted Cruz, nada menos que el político más interesado, más radical, y más odiado, los republicanos están en la olla. Con sus emblemáticas figuras escondidas bajo las piedras, convencidos de que los blancos son mayoría, y con un ejército de congresistas, gobernadores, alcaldes y donantes entregados y doblegados, lo único claro es que el Partido Republicano ha concluido esta semana con candidato y sin principios. Y no es culpa de nadie sino de ellos mismos.Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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