Por allá no escampa

Febrero 04, 2017 - 12:00 a.m. Por: Muni Jensen

El flamante presidente de Estados Unidos Donald Trump, acaparó la mirada del mundo. La política diaria, las decisiones internas de su gobierno, las salidas de tono, el twitter, y el elemento de sorpresa, se han vuelto temas de debate nacional en todos los países. Casi logramos olvidar que en este mes de febrero Ecuador tendrá las primeras elecciones en diez años en las cuales no participa el actual presidente Rafael Correa. Y que en Venezuela la Corte Suprema asfixia cualquier intento de reconstruir la democracia. Pasan a segundo plano la crisis política en México y el resurgir de Lula en Brasil, la cumbre entre este país y su vecino argentino, y las 400 mil hectáreas incendiadas en Chile. Ya nadie habla de los papeles de Panamá, ni importa mucho la cumbre de premios Nobel que montó el presidente en Bogotá.Mientras Estados Unidos domina los titulares, Europa se alista para su propia revolución política. Esta semana se reunieron, por primera vez en el año, los líderes de la Unión Europea en la isla de Malta. Anclados en la frase cautelosa de Angela Merkel: “Europa tiene el destino en sus propias manos”, sus jefes de Estado y de Gobierno enfrentan desafíos nuevos y problemas recurrentes. Inicialmente planteada como una cita para discutir temas migratorios, en esta reunión se tuvo que ampliar la agenda. Sobre la mesa está el impacto del Brexit en la geopolítica, la sombra económica de China, el malabarismo requerido en el trato con Rusia, así como el peligro de una creciente voz autoritaria de Turquía. Además de la división interna sobre el trato a los refugiados, el tema original. Pero ante todo, domina la discusión la necesidad de aceptar, a nivel psicológico y político, que Estados Unidos podría convertirse en una amenaza a la estabilidad y a la unidad europea. La presencia desafiante y crítica de Trump, sus cuestionamientos sobre el valor de la Otan, el nombramiento de un polémico candidato a embajador en Bruselas -considerado por los líderes europeos como una “fuerza malévola”- la aparente solidaridad con el Presidente ruso, y el apoyo entusiasta al Brexit han sonado alarmas en todo el continente. Sus líderes se plantean la necesidad de encontrar internamente un mensaje unido frente al irreconocible panorama mundial. En vísperas del 60 aniversario de la Unión Europea, que se celebrará en Roma el mes entrante, no parece fácil construir ese nuevo discurso. Para complicar el asunto, el 2017 es un año electoral en Holanda, Francia y Alemania. Será el termómetro para medir la fuerza del efecto dominó del Brexit y el tamaño de la ola ultranacionalista en el continente. En Holanda, que vota en marzo, está a punto de ganar la mayoría el radical Geert Wilders, que enfrenta juicios por incitar al odio y al racismo. Entre sus planteamientos está un referendo para salir de la UE y el cierre migratorio a musulmanes. El mes siguiente votan los franceses, donde la popular Marine le Pen con su discurso euroescéptico y nacionalista, se enfrenta a Francois Fillon, un reconocido seguidor de Margaret Thatcher. Ambos pro-rusos. Un giro a la derecha, sin duda.En Alemania faltan meses para las elecciones parlamentarias, pero se espera que la ola de críticas contra Angela Merkel por su generosa política migratoria erosione la coalición que la mantiene en el poder, y debiliten su mandato. Además del caos interno, no hay duda de que el debilitamiento de la relación transatlántica señala un divorcio súbito de un largo y estable matrimonio. Si las cumbres sirvieran para algo, Europa y sus líderes, comparados ya a un tren a punto de descarrilarse, se ven llamados a construir rápidamente una nueva carrilera. O, incluso, si se ponen de acuerdo, un nuevo tren.Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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