México 1, Brasil 0

Octubre 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: Muni Jensen

Los presidentes de los dos países más poderosos de América Latina han enfrentado crisis en lo económico y lo político durante los dos últimos años. Han sufrido la caída de los precios del petróleo, sus partidos han sido acusados por corrupción, y sus círculos más cercanos han vivido vergüenzas internacionales. Han sufrido también manifestaciones mulitudinarias en su contra, y condenas de los bancos y de los medios. Sin embargo, mientras el uno se hunde, el otro sale adelante.El panorama para Dilma Rousseff, la presidenta del Brasil, no puede ser peor. Su popularidad está casi más baja que la tasa de desempleo, que roza el 8%. Su economía se contraerá un 2% en el 2016, según un pronóstico optimista. Como si fuera poco, el Partido de los Trabajadores (PT) al que pertenece Dilma, está acusado de haber recibido millones en sobornos de la gigantesca petrolera Petrobras. La presidenta enfrenta en el Congreso brasileño un intento de ‘impeachment’ para echarla del poder. Pero Dilma, que fue guerrillera marxista y fue torturada durante su encarcelamiento, es una mujer obstinada y de carácter que sigue asegurando que no va a renunciar. Lejos queda, enconces, el sueño de que Brasil era la locomotora de la región, en el que los titulares anunciaban boom y el continente esperaba ilusionado el Mundial de Fútbol en el 2014. Tras recesiones y escándalos, la duda ahora es si para el próximo verano, donde se llevarán a cabo en Río de Janeiro los juegos Olímpicos, Dilma Rousseff estará en el palco presidencial en la ceremonia de apertura.Una historia muy distinta se vive en México. Su presidente, Enrique Peña Nieto despertó polémica al llegar al poder e impulsar una serie de ambiciosas reformas económicas, energéticas, y educativas que le merecieron nada menos que la carátula de Time, titulada, muy a la americana, ‘Saving Mexico’. En su contra ha habido noticias de que su enorme mansión fue un generoso regalo de uno de los mayores contratistas del Estado, y sospechas de negocios turbios de sus ministros más cercanos. Ha tartamudeado al explicar la extraña desaparición de 43 estudiantes en el estado de Guerrero, y ha soportado la burla mundial al dejar escapar de manera insólita por un túnel, al Chapo Guzmán, el narcotraficante más temido del mundo.Pero sale a flote México, a pesar de los percances, con un modesto pero sólido crecimiento del 2,5%, y un desempleo envidiable del 4,3%. Ha impulsado reformas en la política electoral, avances en la protección de los derechos de la mujer, y reformas salariales. El sector manufacturero crece, enfocado en el mercado de Estados Unidos, y la economía depende cada vez menos de los recursos naturales y más de la industria automotriz y la agroindustria.¿Por qué son distintos los panoramas? Quizá porque Brasil ha dependido de la tibia economía china, mientras que México se enfoca en los negocios con Estados Unidos. O quizá porque la política comercial de Brasil es proteccionista mientras que el México abre las puertas al libre comercio. Las cifras no mienten: según el Financial Times, México atrajo en 2014 más de 33 millones dólares en inversión extranjera, para Brasil la cifra alcanzó solo 18 millones. Por todo lo anterior, se podría llegar a una conclusión irrefutable: para latinoamérica el péndulo del progreso parece alejarse poco a poco de los amigos de la China y se acerca cada vez más a los de Estados Unidos.

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