Las dos caras de Europa

Las dos caras de Europa

Enero 19, 2018 - 11:40 p.m. Por: Muni Jensen

No esperaron mucho para reunirse a evaluar el futuro de Europa. Esta semana hubo dos mini-cumbres: la primera, entre el presidente francés Emmanuel Macrón y la primer ministra británica Teresa May, y la segunda, entre Macrón y Angela Merkel, canciller alemana. La agenda estaba cargada. Europa, que vive un momento de recuperación económica y relativa estabilidad tras una crisis de una década, se ve amenazada no por la economía, sino por la preocupante turbulencia política del continente.

En cabeza de estos tres líderes se resumen las historias predominantes de Europa 2018: la crisis de los refugiados, la creciente ola de líderes populistas, y la implementación del Brexit. En el caso de Angela Merkel, la política de puertas abiertas a los inmigrantes le costó su estabilidad política, y hoy gobierna con pinzas, amarrada a una frágil coalición de partidos. Ha logrado mantenerse en el poder a punta de acuerdos con la izquierda, y muchos apuestan a que no durará cuatro años más en el poder.

En Francia, aún está por verse si el apuesto Macrón, que quiere convertirse en el unificador del continente, armado de su ego y un grandioso discurso europeísta, logrará llenar el vacío de la canciller alemana creando un nuevo entusiasmo por la Unión Europea. Arropado en las banderas de la UE, se ha convertido en el principal vocero del proyecto europeo, pero tiene en casa reformas pendientes, y un público escéptico.

Finalmente, Teresa May ha quedado encargada, (y encartada) del divorcio Brexit, cuyas delicadas negociaciones amenazan por partir en dos a la sociedad inglesa. Cualquier paso en falso puede romper los acuerdos internos y dejar a los ingleses en una tierra de nadie, sin beneficios, sin comercio, y con la cuenta.

Mientras tanto, los partidos extremistas ganan terreno en el resto de Europa. En países como Hungría y Polonia y en los tradicionalmente socialistas Dinamarca y Suecia, el extremismo se ha tomado las banderas, mientras en otros como Austria e Italia crece su representación en el parlamento. Los números son aterradores. Se estima que el voto populista en Europa se ha triplicado en veinte años, y que el número de partidos se ha duplicado. Los populistas de izquierda y derecha pasaron de ser una insurgencia, para convertirse en una realidad política, una creciente amenaza a las instituciones, y una fuente de debilitamiento de la democracia.

Para complicar el panorama, la alianza europea con Estados Unidos está en su etapa más frágil desde la posguerra. Un Trump que mira hacia adentro, desconoce las virtudes de los organismos transnacionales, y conduce su política exterior por Twitter y en forma bilateral, no es un socio confiable en un mundo cada vez más incierto.

Aunque no ayuda mucho a calmar las aguas, Europa parece sacar la cabeza de la crisis económica que padece desde el 2008. Por primera vez en años se estima que la Unión Europea crecerá un 2,4% un poco más que EE.UU. El desempleo, que ha sido causa de gran parte del malestar social, ha bajado a 8,7%, aunque en algunos países como España se mantiene alto. Hay signos de recuperación de los mercados, crecimiento de las empresas y un fin a la larga recesión.

Sin embargo, sus habitantes, especialmente los jóvenes, no terminan de creer en las promesas de Bruselas, continúan descontentos con los gobernantes que consideran corruptos y desconectados, y rechazan las olas de extranjeros que ocupan sus calles y sus trabajos. Con sus móviles en mano, son blanco fácil para quienes prometen cambios radicales, rupturas con el sistema, y un fin al ‘establishment’ que explota y exprime.

Bien harían Merkel, Macrón y May, líderes que aún conservan algún concepto del centro, así como los burócratas de la Unión Europea en escuchar estas voces de descontento y hacer las reformas necesarias al proyecto del Viejo Continente, para adaptarlo a estos tiempos y crear mecanismos de representación modernos y eficaces.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

VER COMENTARIOS
Columnistas