Hillary vs. Hillary

Hillary vs. Hillary

Mayo 28, 2016 - 12:00 a.m. Por: Muni Jensen

Hillary Clinton pasa por su peor momento. Faltan dos meses para la convención Demócrata, y menos de seis para las elecciones generales, pero la que fue la ‘candidata inevitable’ no logra deshacerse del pasado, ni evitar los ataques, ni mucho menos poner los ojos en la meta presidencial.Lo más grave son los números. Por primera vez desde que se lanzó al ruedo, Hillary está detrás en las encuestas. Las últimas cifras de intención de voto del Washington Post y ABC la muestran con un 44% frente al 46% de Trump, mientras que su rival demócrata, el socialista de 79 años Bernie Sanders derrotaría a Trump por más de 10 puntos. Sus índices desfavorables son de 53%, casi tan altos como los de Trump. Aunque es fácil entender que gran parte de los votantes odien al millonario republicano por sus insultos y su estilo áspero, es casi inexplicable que sientan tanto rechazo por Hillary, tan preparada, competente y moderada. La tendencia es mortal: Trump sube, Hillary baja.¿Qué explica este fenómeno? Hay razones obvias como la desconfianza que ella produce, ya sea por el uso de un servidor privado para emails oficiales, los millones que ha cobrado por pronunciar discursos, los conflictos de interés de la Fundación Clinton, su aparente oportunismo frente a las indiscreciones de su marido, o su incapacidad para mostrar un lado humano ante el público. Pero estos son defectos conocidos que la han perseguido desde el inicio de su campaña. Sus asesores lo sabían, y pensaron que la evidente experiencia, preparación, y dedicación al servicio público compensaría estas fallas.¿Qué ha cambiado, entonces, en las últimas semanas? Varios nubarrones que oscurecen su campaña. Para empezar, no ha podido deshacerse de Bernie Sanders. Aunque los cálculos de delegados y superdelegados que componen las convenciones en Estados Unidos apuntan a que Hillary logrará pronto la candidatura, Sanders sigue ganando elecciones primarias y se niega a retirarse. Ahora su campaña se ha centrado en derrotar a Clinton en California, la mayor economía del país y epicentro del partido demócrata. Con un Bernie Sanders vivo y coleando, Hillary no puede enfocar ni tiempo ni dinero para atacar a Donald Trump, quien ya arrasó con sus rivales para convertirse en el virtual candidato Republicano. Trump, sin perder el tiempo, doblegó a su partido. Hasta tuvo la audacia de invitar a Bernie a un debate televisado que si se llega a producir, sería un golpe político al estómago de Hillary.Para mayor complicación, ha saltado al ruedo Bill Clinton. El expresidente, que mantiene su carisma y popularidad entre los hombres blancos americanos que tanto necesita su esposa para ganar, está en la mira de los misiles mediáticos de Trump, quien lo ha acusado de violador y ha revivido su pasado mujeriego con un par de cuñas dañinas y astutas. Hillary tiene lo peor de los dos mundos: está pagando los pecados de Bill sin poderse beneficiar políticamente de sus aciertos. Al anunciar que lo pondrá a cargo de la creación de empleo en el país, quedó como si subcontratara a su hábil marido para uno de los temas prioritarios de la agenda. El anuncio provocó varias columnas sugiriendo que Bill Clinton, como ha correspondido tradicionalmente a las primeras damas, mejor se ocupara de las vajillas y de las cenas.Quizás el problema más grave es que Hillary no sabe ganar. A pesar de sus títulos, trayectoria y dedicación, no conecta con los jóvenes, ni cautiva a los hispanos, ni convence a las mujeres. Está investigada, cuestionada y desgastada. Es la candidata más joven, pero la de peores reflejos. Su campaña huele a pasado. Tiene el apoyo de los medios y los cálculos a su favor, pero cada vez parece desplazarse más lenta y tambaleante hacia la presidencia de su país.Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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