El ‘Reality’ es de verdad

El ‘Reality’ es de verdad

Enero 23, 2016 - 12:00 a.m. Por: Muni Jensen

Donald Trump y Sarah Palin son la pareja política de moda. Desde que ella anunció esta semana su adhesión a la campaña del singular Trump, se convirtieron en noticia mundial. Y no es para menos. Se trata de la unión de dos megalómanos, populistas, telegénicos e impredecibles tigres mediáticos, a pocos meses de la convención republicana, en la que se elige el presidenciable de ese partido. Como para alquilar balcón. Trump, que domina las encuestas, es un constructor millonario, estrella de la serie ‘The Apprentice’, exdueño de la franquicia de Miss Universo. Ha sido esposo de tres mujeres despampanantes. Además, desde el lanzamiento de su campaña en julio de 2015, ha logrado sin perjudicar su popularidad, decir lo que se le antoja, insultar a los mexicanos, a los musulmanes, a las reinas de belleza y a los judíos, a las mujeres y a todos sus rivales. Su tono atravesado y su particular carisma han tocado una fibra de los votantes descontentos.A Palin, exgobernadora de Alaska, republicana extrema, ficha vicepresidencial de John Mc Cain en 2008, y estrella de la cadena Fox, no le gusta estar ‘out’. Hasta esta semana nadie la mencionaba, salvo para resaltar la borrachera y la detención, rifle en mano, de su hijo Track; o para recordar su deshilvanado intento de lanzarse a la presidencia hace unos meses. En estos días, en cambio, los titulares de los diarios son ‘La Balada de Donald y Sarah’ (Washington Post) y ‘Sarah Palin puede fortalecer a Donald Trump en Iowa’ (The New York Times). Música para sus oídos: la Palin, la exreina de la derecha republicana, ha regresado, aunque sea fugazmente, a su trono.Lo sorprendente de esta historia no es que una excandidata a vicepresidenta le preste su apoyo a un precandidato del mismo partido. Ni es noticia que una política atractiva y con carisma termine frente a las cámaras de televisión. Lo que llama la atención de este matrimonio político, es que está conformado por dos personas que diseñan sus vidas como libretos de telenovela. Calculan el impacto dramático de sus acciones, más que su contenido. Pronuncian discursos en los que las mentiras no importan, mientras las cámaras estén rodando. Y ganan seguidores por sus maniobras y estilo, y no por sus ideas transformadoras.Su aparición ante las cámaras esta semana parecía un chiste. Sarah Palin fue el mayor dolor de cabeza para el centrista John Mc Cain, a quien le recomendaron a la Palin como compañera de fórmula, pues pensaban que le daría votos del ‘Tea Party’, el costado derecho y con tinte evangélico del partido republicano. Los resultados fueron nefastos. Palin se salió de las manos no solo de Mc Cain, sino de todo su equipo de trabajo. No respetaba el protocolo, pronunciaba discursos en contravía de su llave política, gastaba miles de dólares en ropa, y no lograba contener los escándalos creados por su numerosa familia. A pesar de su innegable toque popular, esta mujer se volvió lo que llaman en inglés ‘radioactive’. Es decir, venenosa. Pero Trump aprovechó el momento esta semana para tomarse fotos y para complicarle el camino a su rival, Ted Cruz, quien se considera dueño de la franja evangélica de su partido.Lo más probable es que el dúo Trump y Palin no dure más de un episodio de esta novela electoral. Ambos son demasiado iguales, imposibles de controlar. Aún en un país donde los realities se vuelven probables, este par no se complementa como Batman y Robin, sino que se parecen más a una pareja conformada por Batman y Batman.

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