El banquero francés

Abril 28, 2017 - 11:55 p.m. Por: Muni Jensen

Emmanuel Macron, el ganador de la primera vuelta en las elecciones francesas, es un banquero millonario de centro izquierda de 39 años por el que hace unos meses no daban un peso en los círculos políticos parisinos. Macron, estudió filosofía e hizo una carrera alejado del establecimiento y del poder. Su vida privada sería escandalosa en cualquier país distinto al suyo, donde el tema personal poco importa: está casado con su antigua profesora de francés de 64 años. (Cuando le preguntan por la diferencia de 25 años entre los dos, responde que al otro lado del Atlántico hay un nuevo presidente con una esposa mucho menor, y a nadie parece importarle).

La segunda vuelta electoral será el próximo 7 de mayo entre Macron y la candidata nacionalista Marine le Pen. Desde el principio, el mundo ha observado esta como termómetro en la Unión Europea, y en el mundo entero, del estado de la política ante el auge del populismo. En la primera vuelta participaron cuatro candidatos: dos de extremos y dos de centro. Dos euroescépticos, y dos devotos al modelo europeo. Las encuestas durante semanas mostraron un empate a cuatro bandas. En la franja de la izquierda, el veterano Jean Luc Melénchon logró más de 7 millones de votos, dejando muy claro que el socialismo extremo está más vivo que nunca. El otro derrotado, Francois Fillón, exprimer ministro de centro derecha, sufrió las consecuencias de una denuncia de corrupción, que pesaron sobre su candidatura y su partido republicano. El mensaje de su derrota fue claro: hay hartazgo con los candidatos de partidos tradicionales, más conocidos por sus escándalos de corrupción que por su trayectoria y experiencia. En varios países se ha repetido el mismo fenómeno: se castigan los excesos ideológicos pero no tanto como la falta de transparencia.

Como contraste, los dos vencedores, la nacionalista Marine le Pen y el candidato de centro izquierda Emmanuel Macron, simbolizan los movimientos paralelos de ‘outsiders’ que vive hoy el continente. Ella, hija del fundador del partido nacionalista Jean Marie Le Pen, hoy lleva las banderas antiinmigrantes, proteccionistas y euroescépticas. Promete un referendo para dejar la Unión Europea, y su discurso es de mano dura contra los refugiados. Su notable desempeño en las primeras elecciones, donde terminó sólo tres puntos detrás del vencedor, refleja el miedo de los franceses a la entrada de extranjeros, pero también la preocupación por el lento crecimiento económico, y las dudas sobre el modelo europeo. Le Pen es la candidata de los paranoicos, de los xenófobos, y de los asustados, pero también de los desencantados. Y sus números no son despreciables.

Estas cuatro caras de la Europa actual la abarcan casi toda: La izquierda obrera con sus propuestas anacrónicas, el socialismo desgastado y manchado por el escándalo, la derecha extrema, con sus lealtades feroces y rechazos viscerales, y un centro insurgente, reacción a la rebelión del Brexit, a la proliferación de populistas, al miedoso discurso racista, pero que también protesta contra el fracaso del modelo político, los excesos de poder, la falta de liderazgo y la ausencia de visión.

Hoy, todos los ojos están puestos sobre Macron. Muchos creen que este hombre, que cree en la globalización, en la Otan, en el Euro y en la política social clásica, salvará no sólo a Francia del nacionalismo, sino a Europa de sí misma. En las manos inexpertas de este banquero francés parecen estar nada menos que la permanencia de la Unión Europea, la suerte de los inmigrantes, la validación de la alianza franco-germana, la fuerza del centro, y el modelo mismo de la Europa moderna. Es demasiado pedirle, y además falta una semana para la elección. Ya todo el mundo sabe que las encuestas fallan y que los favoritos son derrotados y que los candidatos inevitables no existen.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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