Coaliciones, la moda mundial

Coaliciones, la moda mundial

Marzo 16, 2018 - 11:40 p.m. Por: Muni Jensen

Están muy de moda las coaliciones, que por definición prometen ser “grupos con ideas distintas que se unen para un objetivo común”. En la práctica, en la política son grupos compuestos por ganadores a medias que no logran llegar al poder solos y le prometen cosas a otros para unirse y triunfar. Suenan bien las intenciones, pero con frecuencia estas amistades son frágiles, oportunistas y no siempre logran el grandioso objetivo común.

Esta semana en la Colombia preelectoral no ha sido la excepción. Nos hemos enterado oficial y extraoficialmente de matrimonios de conveniencia política que parecen más bien inconvenientes, de parejas de enemigos que se declaran repentinamente aliados, y de los noviazgos frágiles de grandes padrinos, convertidos en pareja, tomados de las manos prometiendo la victoria. Tambien, claro, hay negociaciones para legislar en bloque por parte de los ganadores parlamentarios. Tantas promesas y fórmulas, guiadas tan obviamente por el realismo electoral más que por afinidad ideológica. Colombia, tierra con abundancia de café, aves, y políticos, sigue apresuradamente los pasos de un mundo en coalición.

Los ejemplos están en todas partes. La chilena Michelle Bachelet, que salió del poder la semana pasada tras un tropezado segundo mandato, se vio forzada a hacer equipo con el ala más radical de la izquierda para poder legislar, pero al final consiguió desdibujarse sin cumplir sus promesas de campaña, abriendo la puerta para el derechista Sebastián Piñera. En Ecuador la coalición de Lenín peligra por los correístas radicales, y en Perú al pragmático Kuczynski no le alcanza la ‘gran alianza’ para contrarrestar a los fujimoristas.

En el resto del mundo, con sistemas parlamentarios, naturalmente se gobierna por mayorías. Pero hoy la fragmentación y el nacimiento de nuevos movimientos, muchos de extremo, ha obligado a los políticos a intentar extrañas uniones para no perder el poder en países tradicionalmente bipartidistas.

En Alemania, Angela Merkel se aferra a su cargo en un cuarto mandato gracias a seis meses de negociaciones y al apoyo de última hora de los socialdemócratas. Los tres partidos aliados en el país lograron una flaca victoria para la líder europea, ya en sus últimos suspiros políticos, a quien le esperan enormes retos domésticos y globales en su manejo de la locomotora de Europa.

Al otro lado del mundo, el primer ministro indio Narendra Modi enfrenta una crisis al retirarse uno de los miembros de su rompecabezas de gobierno, a un año de las elecciones, demostrando que los que se juntan con entusiasmo de poder al principio de un mandato, pueden retirarse de un día a otro y derrumbar las frágiles mayorías.

Y muchos recuerdan las elecciones españolas de diciembre 2015, donde el país, tradicionalmente bipartidista, se encontró con dos movimientos de ruptura, Podemos y Ciudadanos, que le dieron un remezón al cómodo equilibrio de poder del Partido Popular (PP) y el Partidos Socialista (Psoe). Meses después tampoco habían formado gobierno, y las encuestas señalan que en las elecciones de 2019 los que quieran ganar tendrán que estrenar las coaliciones. Y así en Francia, y el Reino Unido, y hasta en la pacífica Canadá.

Estados Unidos es de los pocos países donde reina el bipartidismo, aunque muchos ya se cuestionan cuánto tiempo pasará para que se contagien los americanos de crear nuevos movimientos por fuera de los existentes. Aunque hoy parezcan lejanos los nuevos partidos que tengan fuerza suficiente para interrumpir la alternancia entre demócratas y republicanos, la sola presencia de un presidente como Donald Trump demuestra que en política todo es posible. Las coaliciones están para quedarse, en Colombia y en el mundo. Ojalá de verdad ganen los votantes y no solo los políticos negociantes.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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