Radicalismo

Radicalismo

Febrero 21, 2015 - 12:00 a.m. Por: Miky Calero

Pensar que solo el islamismo extremo es la única expresión del fundamentalismo, es una idea errónea. El bello planeta Tierra está lleno de una especie, la humana, que cada vez se polariza más. La tolerancia es una virtud que cada día vemos más lejos, cuando uno no escucha las otras verdades porque siempre se tiene la razón, se podría decir que se es un fundamentalista. La soberbia ha llenado de sangre las páginas de nuestra corta historia. Colombia no se queda atrás, estamos en peligro de más sangre. Por la polaridad creciente podemos llegar a extremos que puedan desatar más conflictos que los que ya tenemos. La extrema derecha día a día se radicaliza más y está conduciendo a sus seguidores a un fanatismo absurdo donde no ven sino en las armas la solución. La extrema izquierda no se salva, ya que durante años nos ha tenido sumidos en una guerra absurda. Solo a través de una negociación donde haya tolerancia de ambas partes se puede llegar al fin del conflicto. La paz es otra cosa, a esa se llega solo cuando haya equidad social de verdad.El fanatismo ya sea político, religioso, deportivo o económico es la verdadera causa de que nos estemos destruyendo. Los grupos religiosos que predican que la verdad solo la poseen ellos en sus iglesias o salones no contribuyen a la pasividad, así digan ser enemigos de las armas. Cuando juzgan a todos los otros como pecadores, se convierten en fundamentalistas o fanáticos. No nos olvidemos que la religión a puesto millones de muertos, en nombre de Dios se han librado guerras absurdas.En lo deportivo, el radicalismo es preocupante. Que por el color de una camiseta se está dispuesto a matar es alarmante. La violencia en los estadios y sus alrededores cada día crece más y si se sigue así llegará el momento que los espectáculos deportivos van a tener que jugarse a puerta cerrada permanentemente.Pero yo diría que en la parte económica es donde el fundamentalismo o el extremismo ha hecho más daño. Cuando las metas y la competencia son lo más importante e impulsar el consumo desmedido, es donde la cosa se complica. Crecer, crecer, crecer, no importa cómo, hace que se adopten practicas non sanctas. Los grandes monopolios que se van tragando a los pequeños nos está llevando a unos extremos de pobreza y a la concentración de grandísimos capitales en unos pocos. Eso tampoco ayuda a la paz mundial. Es como una enfermedad, el poder, el poder, el poder. La plata en sí no es el problema, es la ambición desbordada, donde nunca se sacia la sed de más y más.Un llamado a la tolerancia y al respeto, dejemos atrás los odios que producen la radicalización y el fundamentalismo.

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