Por mi culpa

Agosto 14, 2010 - 12:00 a.m. Por: Miky Calero

“Por mi grandísima culpa, me confieso ante Dios Todopoderoso y ante mis hermanos”, creo que algo así dice la oración. Somos unos pecadores y en el cielo hay un Dios que nos lo está recordando permanentemente, por lo menos eso es lo que nos dicen sus ‘representantes en la tierra’, es un Dios que abrió la posibilidad para que Eva cometiera un pecado poniendo una manzana prohibida y desde ese tiempo la humanidad no ha hecho otra cosa que pecar.En el Antiguo Testamento Moisés escribe los mandamientos de lo que está prohibido hacer, dice “No matarás”, afortunadamente Jesús ‘murió’ por todos nosotros, algo contradictorio… ¿no? Claro que no sólo el cristianismo se basa en la culpa, casi todas las religiones del planeta se basan en el pecado como la razón por la cual pertenecer a ellas y a sus iglesias, para que sus pastores sirvan de mediadores y así el Todopoderoso no nos castigue y nos ‘mate’ en el juicio final. Sin el pecado las religiones no existirían. El fanatismo es el peor de todos los males.Con esto no quiero decir que no crea en Dios, pero creo en un Dios amoroso, generoso y juguetón, no en un Dios fanático y castigador. Creo en una fuerza universal grande, un ‘Gran Espíritu’ que está allí para engrandecernos y no para condenarnos. No a través de la represión sino por amor, amor que debe caracterizar a las personas que son incapaces de hacer algo en perjuicio de su especie y de cualquier otra. Es un Dios que adora a la gente que respeta hasta la más pequeña manifestación de vida, porque la vida es sagrada. Un Dios grandioso que ama ‘toda’ forma de vida y a los humanos que lo hacen también.No hay que confundir espiritualidad con religiosidad, ya que existen muchos seres humanos, muy pero muy (como diría el pajarraco) espirituales que no pertenecen a ninguna religión. Seres que no necesitan ‘golpes de pecho’ para mostrar lo buenos que son. Seres que están en el planeta para servir a otros sin tener que ir a una iglesia, esos para mí son los verdaderos hombres de Dios en la tierra. Su iglesia está en todas partes en todo hermoso rincón de la tierra y especialmente donde se necesite hacer el bien.Muchos de los aborígenes de estas tierras y de muchas más, practicaban su espiritualidad de una manera limpia, antes que llegara el cristianismo con su cruz, castigo y muerte. Su Creador estaba en sus cristalinos ríos, en la verdes montañas, en los desiertos y en los mares. Un Dios natural. Un Dios grande en tolerancia. ‘Indios’ que sí sabían cuidar la Pachamama, esta hermosa madre tierra. Practicaban el equilibrio, el respeto a la biodiversidad, para que muchas generaciones adelante también pudieran disfrutar sin restricciones el placer de vivir la vida libremente. Cuando alguien logra la armonía, el balance natural y el respeto no comete ‘pecados’ contra Dios y sus hermanos. La ley del origen.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad