Plata, poder, hacer

Diciembre 01, 2012 - 12:00 a.m. Por: Miky Calero

¿Qué hay realmente detrás de la decisión allá en la Corte de La Haya? ¿Quién está detrás de todo? ¿Por qué se separaron los cayos al norte y se dejó un corredor marítimo en medio? ¿Será que la decisión de tan ‘respetables’ jueces favoreció más a las petroleras que a los pueblos raizales y la Reserva de Biosfera Seaflower? ¿Por qué Nicaragua ya tenía contratos firmados para exploración petrolera con multinacionales, antes de conocerse el fallo? ¿Por qué la decisión la tomaron por allá unos jueces con disfraces de la época renacentista que seguramente nunca han estado por estos lugares y no conocen nuestra idiosincrasia? ¿Qué verdaderamente hay detrás de todo esto?Plata y más plata, esa es la realidad. Las decisiones en un mundo veloz no se toman por los intereses comunes de la humanidad, porque al perder esa área protegida perdemos todos, todo el planeta. Es el futuro de un ecosistema frágil que no soporta actividad petrolera. Se podría pensar que la explotación es en un porcentaje relativamente pequeño y por lo tanto no sería tan grave, que se hace por el bien económico de un pueblo. Pero la verdad es que, primero, el daño aparentemente pequeño desencadenaría una reacción en toda esa reserva coralina que perdería su balance y en poco se extendería la muerte por todo el Caribe nuestro.Segundo, las ‘ganancias económicas’ para el pueblo Nica sería sólo por unos pocos años comparadas con la pobreza alimentaria que ese daño traería, la pesca se reduciría poco a poco y finalmente no creo que nuestros hermanos nicaragüenses en el futuro quieran alimentarse de petróleo, “suflé de tierra con salsa negra” y sin agua pa’ pasarlo.Así como en Colombia, específicamente Coralina, la Car de San Andrés y un grupo de conscientes ambientalistas lográramos parar que la Agencia Colombiana de Hidrocarburos dejara la exploración en esas aguas, así mismo con el pueblo hermano de Centro América, todos juntos, deberíamos oponernos radicalmente a que esas petroleras norteamericanas vengan con su negocio a ensuciarnos las aguas y poner en riesgo la despensa alimentaria que allí se encuentra. También la industria turística se vería afectada, porque no es lo mismo vender el mar de los siete colores, a un mar sucio. Es lo que sucedió en Santa Marta. Si no miren y verán qué ha pasado allá, después que por dinero carbonero se permitió en concesión un puerto en el sector, un mar oscuro y una arena gris donde no provoca bañarse, es lo que quedó.Triste como suena esa es la realidad del absoluto poder de la plata. Hace que una Corte tan ‘respetable’ favorezca los intereses del capital poniendo en riesgo una reserva, que podría convertirse en uno de los desastres ecológicos para recordar en la historia. ¡Qué viva la vida! ¡Que viva el agua limpia! ¡Qué vivan los peces!

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